La historia parece no tener fin. Estudiantes y Claudio Tapia sumaron un nuevo capítulo a una relación que viene acumulando tensión desde hace tiempo. Esta vez, el protagonista es Marcos Rojo: la AFA rechazó el pedido del Pincha para conseguir un cupo a partir de la lesión de Gabriel Neves y dejó al defensor al borde de quedarse sin competencia oficial por lo que resta del año. El propio presidente de la Asociación del Fútbol Argentino le comunicó la decisión al jugador, que había intentado destrabar la situación por su cuenta.
La resolución tiene una explicación reglamentaria: la recuperación estimada de Neves no alcanza los cuatro meses que se exigen para habilitar una incorporación por esa vía. Pero el problema, para Estudiantes, va más allá de un trámite que no prosperó. La negativa vuelve a poner bajo la lupa el vínculo entre el club platense y la conducción de la AFA, en un contexto en el que las diferencias dejaron de ser silenciosas y se transformaron en un conflicto cada vez más visible.
Y en este caso, además, se trata del único representante argentino en la Copa Libertadores. Ni siquiera en este caso jugó el apoyo tácito que siempre la AFA debería darle a los equipos del país que compiten a nivel internacional. Y más en una instancia tan decisiva, con el fútbol argentino compitiendo, de alguna forma, por romper la hegemonía de los brasileños en la copa más prestigiosa a nivel continental.

Rojo, Racing y una comparación que incomoda
Hay un antecedente que inevitablemente aparece cuando se repasa la situación del defensor. En agosto de 2025, Rojo llegó a Racing después de su salida de Boca y, por cuestiones reglamentarias, inicialmente quedó habilitado para disputar la Copa Libertadores y la Copa Argentina, pero no el torneo local. La situación cambió en octubre, cuando la AFA autorizó su inscripción en el campeonato doméstico a partir de la lesión de David González, cuya recuperación demandaba entre cuatro y seis meses.

Ahora, con Rojo nuevamente en el centro de una discusión administrativa, Estudiantes buscó una salida a través de la lesión de Neves. La respuesta fue negativa porque el tiempo de recuperación previsto no alcanzaría el mínimo requerido. No son situaciones idénticas desde el punto de vista reglamentario, pero el antecedente de Racing vuelve inevitable una pregunta: ¿por qué en un caso se encontró una alternativa y en el otro no?
La diferencia puede estar en los requisitos que debe cumplir cada solicitud. Lo que no se puede ignorar es el efecto que genera la decisión en un club que atraviesa un momento de máxima tensión con la conducción del fútbol argentino. En ese escenario, la negativa alimenta la percepción de que no todos los clubes encuentran las mismas respuestas cuando necesitan una solución de la AFA.
La final con Central, el punto de quiebre
Para entender por qué cada decisión de la AFA se lee de una manera particular en La Plata, hay que volver a la final de la Supercopa Internacional ante Rosario Central. La derrota por 3-1 quedó atravesada por las polémicas arbitrales, los reclamos de los futbolistas y dirigentes de Estudiantes y los incidentes que se produjeron después del partido.

La tensión también se trasladó a la ceremonia de premiación. Tapia no subió al escenario cuando fue reconocido el plantel de Estudiantes, aunque sí participó de la entrega de medallas a los árbitros y al equipo campeón. La imagen alimentó la distancia entre las partes y se convirtió en uno de los símbolos de una jornada que dejó mucho más que un resultado deportivo.
Desde entonces, el conflicto quedó expuesto. La conducción albirroja manifestó su disconformidad con lo sucedido y el vínculo con la AFA quedó bajo una nueva luz. En ese contexto, el caso Rojo no aparece como un episodio aislado, sino como otro motivo de fricción que vuelve a poner en discusión la relación entre el Pincha y Tapia.
Boca, los seis extranjeros y dos maneras de resolver un conflicto
El otro antecedente que suma ruido es el de Boca en la Copa Argentina. En septiembre de 2026, el Xeneize incluyó seis futbolistas extranjeros en la planilla del partido frente a Vélez, cuando el límite reglamentario era de cinco. Vélez presentó una protesta y pidió que se le diera por ganado el encuentro, pero el Tribunal de Disciplina de la AFA rechazó ese planteo y mantuvo la clasificación de Boca.

Hay un dato que no debe omitirse: el Tribunal reconoció que Boca había cometido una infracción en la confección de la planilla, pero entendió que no correspondía quitarle el partido porque no se había acreditado la participación efectiva de un sexto extranjero inelegible. Por esa irregularidad, el club recibió una multa equivalente a mil entradas populares.
El episodio, sin embargo, volvió a instalar el debate sobre los criterios disciplinarios y la interpretación de los reglamentos. Mientras Boca conservó su clasificación, Estudiantes se encontró con una respuesta negativa en su intento de habilitar a Rojo. Son expedientes diferentes, con normas y circunstancias propias, pero el contraste alimenta una discusión que excede a los clubes involucrados: ¿la aplicación de las reglas transmite la misma previsibilidad para todos?
¿Reglamento o pase de facturas?
La pregunta sobre un posible pase de facturas aparece inevitablemente en el entorno albirrojo. La relación entre Estudiantes y Tapia atraviesa un momento de tensión extrema, y la negativa a habilitar a Rojo llega después de una final que profundizó las diferencias. Sin embargo, no hay elementos públicos suficientes para afirmar que la decisión haya sido una represalia personal contra el club.
Lo que sí puede sostenerse es que la sucesión de episodios alimenta las sospechas de un trato desigual y vuelve a poner en primer plano el peso que tienen las relaciones institucionales en el fútbol argentino. Cuando algunos clubes consiguen resolver situaciones excepcionales y otros chocan contra una negativa, la dirigencia del fútbol queda obligada a explicar con claridad cuáles son los criterios que aplica y por qué.

Estudiantes, mientras tanto, se queda sin la solución que buscaba para Rojo. El defensor ya firmó su salida de Racing y su contrato con el Pincha, pero su regreso a la competencia oficial depende de que aparezca una alternativa reglamentaria. La negativa de la AFA puede terminar convirtiéndose en un problema deportivo, contractual y político para la institución.
Tapia vs. Estudiantes suma otro capítulo. El caso Rojo no demuestra por sí solo una represalia, pero vuelve a exponer una relación deteriorada y una pregunta incómoda para el fútbol argentino: cuando un club necesita una excepción, ¿alcanza con el reglamento o también importa quién está del otro lado del mostrador?


