Enchufado. Así entró Estudiantes a jugar ante Rosario Central en la final de la Supercopa Internacional. ¿Calor? ¿Humo de las bengalas? Nada frenó al equipo de Alexander Medina en el arranque voraz del encuentro: sólo demoró 51 segundos en ponerse en ventaja con una jugada que incluyó atención táctica, velocidad en la transición y la participación en la red de un futbolista que viene dulce.
Sí: cincuenta y un segundos. Así de rápido. Una jugada que se inició con un intento de desborde por la derecha de Central que fue interceptado por Ezequiel Piovi. El #21 leyó rápido la acción y tocó para que Joaquín Tobio Burgos atacara la espalda de un mediocampo canalla demasiado permeable. El extremo de EDLP avanzó hasta el fondo y tiró un centro. Que fue una daga.
Porque el pase alto de Tobio Burgos le cayó a Guido Carrillo, quien la metió hacia adentro. Un pivoteo que capturó cerca de la línea Alexis Castro. Allí, Pucho metió la pierna para mandarla adentro cuando el cronómetro del Madre de Ciudades todavía no había llegado a marcar el primer minuto de partido. Un estallido que decantó en el abrazo de todos los futbolistas.
Castro disfrutó así su cuarto gol en el semestre. Además de los dos que había metido en la serie frente a Corinthians por la Copa Libertadores, Pucho también había marcado en el Clásico Platense ante Gimnasia. Y lo disfruta Estudiantes.


