Lo necesitaba. Y mucho. Porque Brian Aguirre debió esperar seis meses y 12 días para volver a gritar un gol. Demasiado para un delantero que fluctuó en participación en Boca, que llegó a Estudiantes con ansias de reversionarse y destaparse y que -después de haber asistido en la victoria contra Unión– quería dar otro paso en la consolidación en el equipo de Alexander Medina. En Córdoba lo consiguió.
Un enganche inesperado hacia el centro desde la izquierda y un remate cruzado al segundo palo defendido por Manuel Roffo le permitieron al ex delantero de Newell’s volver a gritar uno propio. La última vez había sido el 6 de octubre del año pasado y frente a su cuna futbolera: NOB (triunfo 5-0). Paradojas de la vida de un jugador que paso a paso está logrando demostrar por qué EDLP lo fue a buscar cuando parecía que Edwuin Cetré seguiría su carrera en el exterior.
Ante Instituto, en una nueva oportunidad para comenzar como titular, Aguirre refrendó aquella confianza además con verticalidad y ganas de ser una variante en ataque. Incluso leyó bien una contra del IACC y cortó con foul antes de que la defensa quedara mal parada en una jugada ofensiva (fue amonestado por Hernán Mastrángelo, árbitro mundialista en VAR).
Fue el primer gol de Aguirre con la camiseta de Estudiantes. Y una prueba más de que tiene con qué competir para ocupar alguna de las bandas en un sistema de juego que puede favorecerlo. Con extremos que ataquen, que busquen siendo incisivos. Y que tengan esa capacidad para herir que demostró ante La Gloria.

