Fue una caída que golpeó fuerte. Por el inicio, el desarrollo y el desenlace. El final no sólo fue inesperado. Esta vez, fue hasta cruel. Sobre todo, por ese el gol en contra a los 94 minutos de Enzo Martínez, quien había arrancado la tarde con ese gol que puso a Gimnasia por primera vez en ventaja. Como fuera, luego de estar dos veces arriba en el marcador, el Lobo se quedó sin nada, pagando demasiado caro errores individuales y situaciones particulares. Cambios, lesiones, desinteligencias, parecen derivar en una pregunta a la hora de analizar este 2-3 contra Independiente Rivadavia: ¿quién tuvo la mayor responsabilidad de esta derrota: Zaniratto o los jugadores?
La pregunta no es caprichosa. Hubo, es cierto, reparto de culpas. Sobre todo, en un segundo tiempo en el que a Gimnasia le salió todo mal. Por un lado, el técnico falló en los cambios. Una vez más, la entrada de Franco Torres no le dio resultado (como tampoco el ingreso del colombiano Pérez), pero hay que decir que el entrenador siempre apostó a ganador. Incluso, en la situación más polémica: la del arquero Julián Kadijevic.
Ahí, entonces, puede estar la mayor carga de la derrota para el DT. Si bien explicó cuál fue su decisión (“Todos creímos que haciendo el esfuerzo iba a aguantar, decidimos ir a buscar el partido”), terminó siendo una mala lectura de la situación. Porque dejar a un arquero lesionado, más a uno que jugaba su primer partido de titular, fue una determinación demasiado arriesgada, que encima él pudo remendar utilizando la última ventana de cambios. Sin embargo, lo dejó en cancha. Y pagó.
La otra preocupación es, en todo caso, que el DT no lo asimilió como un error al menos en conferencia, sino que los justificó como una apuesta en pos del triunfo. Pero en definitiva, lo dicho: debió sopesar cuál era la ganancia y cuál la pérdida de dejar en cancha a un arquero que no podía casi moverse. Y al que encima le faltaba la experiencia lógica para resolver este tipo de situaciones: era la primera vez que le pasaba.
Después, Zaniratto también pudo haber fallado en quién debió salir para el ingreso de Auzmendi. Y en todo caso, si el ex Godoy Cruz no debió entrar antes. Como fuera, el que estaba más para dejar la cancha era Nacho Fernández (cansado, no podía con su alma). Pero eligió sacar a Nico Barros Schelotto, quien podía darle otra resistencia en esos minutos finales que el equipo suele bajar la guardia.
La parte que le toca a los jugadores
Sin embargo, en esa misma situación también juega la responsabilidad de los jugadores. Pues entonces, Zaniratto tampoco tiene la culpa de que Enzo Martínez haya rechazado con la pierna incorrecta un centro que, indefectiblemente y con ese perfil, tenía riesgo de ser lo que fue: gol en contra. Es cierto que Kadijevic no estaba físicamente para reaccionar, tanto como que si alguien patea contra su propio arco a un metro de distancia, es probable que ni Dibu Martínez pueda sacarla. La falla del defensor, en algún punto, iguala de mínima la mala decisión de Zaniratto de dejar al joven arquero en cancha.
La otra situación que excede a Zaniratto se dio con el malestar estomacal de Giampaoli. Ocho minutos después de que el DT utilizara su primera tanda de cambios y habiéndole preguntado antes de eso si estaba o no para salir, el defensor le terminó pidiendo salir. “¿Ahora me pide el cambio?”, se quejó el entrenador, que sabía que tenía que gastar sí o sí la segunda ventana en esa situación.
Si Giampaoli pensó que podía seguir así, tuvo también él una mala lectura. Y obligó al entrenador a meter una variante para reemplazarlo y otra más, apurada, para aprovechar la ventana, como fue el ingreso de Juan José Pérez. Claro, lo del colombiano, que anduvo flojo de cuerpo, alma y espíritu, terminó siendo una mala elección del DT, pero al fin de cuentas fue un error forzado.
Giampaoli, además, tuvo una tarde para olvidar, porque salió en las fotos de los dos primeros goles, sobre todo en el segundo de Independiente Rivadavia, que nació de ¡un lateral! Parte de las máximas futboleras (no pueden hacerte un gol de lateral), tampoco se le puede imputar esta cuestión básica al DT, que encima también tuvo que usar una tercera ventana de manera limitada, porque Silva Torrejón también salió con una molestia.
Por todo, Gimnasia pagó errores propios en esta dura derrota. Tanto afuera, de parte del entrenador, como adentro, de parte de los jugadores. Al fin de cuentas, nadie quedó a salvo de este 2-3 que todavía duele…


