¿Qué valor tuvo el empate de Estudiantes en Colombia? ¿Fue un puntito? ¿O terminó siendo un puntazo? La dualidad de sensaciones tiene que ver con el desarrollo del partido, pero también con el final, en el que el Pincha terminó sufriendo.
Hay una primera impresión de que el Pincha dejó escapar un partido que tenía controlado, que lo ganaba, que lo tenía en el puño y que se le fue por una desatención defensiva. La del gol de Independiente Medellín, tras esa pifia en el cabezazo de Gaich y en la desconcentración de Meza, que pierde la marca de Chavarrea. De ahí, el puntito.
Sin embargo, a partir de ese 1-1 el local creció en su juego, también en lo anímico y terminó arrinconando a Estudiantes, que nunca encontró la pelota ni la forma de lastimar de contra. Salvo en esa jugada final de Gaich, otra vez protagonista en su regreso tras la lesión, en la que desaprovechó con una definición extraña la última chance clara de gol del partido.
Ahí mismo, antes de esa jugada, afloraba ya la sensación de que a Estudiantes le cerraba no irse perdedor en el debut de la Copa, y que el empate tenía otro sabor.
Como fuera, el Pincha tenía claro que en Medellín estaba la gran chance de sumar de visitante, era el partido clave afuera de casa. Porque la altura siempre es impredecible, muchas veces depende de cómo responde el físico de los jugadores ante esa situación y de las circunstancias propias de un partido atípico. Por lo general, es un encuentro más perdible que ganable. Y esa misma sensación ofrece Flamengo en el Maracaná, pero en ese caso, por su poderío futbolístico.
Por todo, si se considera que debía al menos sumar un punto, el Pincha lo hizo. No se vino con las manos vacías de Medellín. Se trae algo a La Plata. Un buen punto. Sin embargo, nadie le sacará la sensación de que, con el 1-0 a favor, pudo haberle sacado mejor tajada a este estreno en la Libertadores.

