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Basto que Jorge Messi suelte un “no sé”, para que le mundo del fútbol hable de la chance de continuar en el club hasta el final de su contrato, pero más allá de eso las razones más fuertes para pensar lo que parecía imposible es el plano familiar.
Es que, más allá del contrato que Barcelona considera vigente expira el 30 de junio de 2021, el hecho concreto es que el armado familiar desde fines del 2000 en la tranquilidad de Castelldefels (donde se criaron sus hijos Thiago, Mateo y Ciro) juega mucho por el arraigo que tomado tanto el propio Messi y sus hijos como su esposa Antonela.
El ex directivo del Barcelona, Toni Freixa, también se metió en el ruedo en Catalunya Radio al desmintir los rumores sobre un “mal asesoramiento” hacia Messi: “El cliente siempre tiene la razón, supongo que le avisarían que no por enviar el burofax iba a tener la razón, pero si decidió seguir adelante le tienen que defender. Pero el Barcelona se plantó en su postura”.
“Ahora Messi puede presentar una demanda y pedir ahora el tránsfer provisional, pero ya sabe que un juez puede decretar luego que su club de destino pague su cláusula de rescisión de 700 millones o una penalización muy alta y ningún club va a correr ese riesgo”, explicó.
Si Messi decide quedarse hasta el año que viene podría irse a costo cero al destino que quiera, incluso despidiéndose a lo grande en el Camp Nou con el cariño de los hinchas. A seis meses de la fecha límite ya podría negociar y firmar un vínculo provisiorio con otra entidad. Algo que le quitaría tensión al asunto y podría darle un final “pacífico” al complejo contexto inicial.
Más allá del burofax, de no presentarse a los tests de coronavirus ni a los primeros entrenamientos con el holandés Ronald Koeman y de considerarse libre, nadie pudo ni puede asegurar con certeza lo que hará Messi ni que será sencillo llevarlo a cabo.


