Fue la jugada que marcó la noche en UNO. En el durísimo cruce entre Estudiantes de La Plata y Vélez Sarsfield, no hubo que esperar demasiado para que la polémica volviera a instalarse alrededor del arbitraje.
Promediando la primera parte, Lucas Robertone, que ya jugaba condicionado por una tarjeta amarilla, llegó tarde y bajó con una patada fuerte a Tiago Palacios cuando el extremo encaraba por el sector derecho. La acción, por contexto e intensidad, encajaba perfectamente en una segunda amonestación y la consecuente expulsión.
Sin embargo, el árbitro Sebastián Martínez Beligoy optó por una advertencia verbal y mantuvo al mediocampista en cancha. Robertone continuó en el partido y recién fue reemplazado en el segundo tiempo, ya con el trámite mucho más caliente y con el malestar albirrojo en aumento.

La decisión desató un reclamo inmediato de los jugadores y un murmullo que se transformó en silbidos desde las tribunas. En el mundo Pincha sienten que no es un episodio aislado, sino parte de una seguidilla de fallos que, según entienden, terminan condicionando el desarrollo de los partidos.
Otra noche caliente en UNO, otra jugada bajo la lupa y una sensación que en City Bell se repite: cuando las decisiones arbitrales inclinan la balanza, el enojo no tarda en explotar.

