La final de la Supercopa Internacional no será recordada por los goles de Di María ni por los festejos del Canalla. Será recordada, lamentablemente, por los fallos arbitrales de Herrera y por el maltrato que recibieron los hinchas de Estudiantes desde que iniciaron su viaje rumbo a Santiago.
Primero tuvieron que tolerar controles exigentes y llegar con demoras de hasta 45 minutos al Madre de Ciudades, luego presenciar la lamentable actuación del árbitro del partido y finalmente, cuando parecía que ya no daba para más, agresión y represión en la salida del estadio, camino a los colectivos.
Como si fueran animales, la policía fue metiendo a los hinchas a los colectivos, entre palazos, disparos, empujones y gas pimienta. Una represión sin sentido que dejó micros rotos y alteró la caravana Pincha, dejando en evidencia, una vez más, la impunidad que manejan en este tipo de accionares. Lejos de quedar como una gran jornada de fútbol, la final quedará marcada como una tarde negra para el fútbol argentino.


