La final estuvo marcada por los fallos arbitrales. De eso no hay dudas. Primero el penal de González Pirez y, sobre el final, amarillas, faltas y decisiones que comenzaron a inclinar la balanza a favor del Canalla. Verón, de Central, zafó de la roja y luego el VAR no intervino cuando todo Estudiantes pidió mano de Ovando.
La televisión mostró solo dos imágenes de la jugada, una donde parece ser más hombro que mano, y otra en la que ocurre exactamente lo contrario. Por ello resultó extraño que Jorge Baliño, encargado del VAR, no llamara a Herrara para revisar la acción y pueda definir con mayor claridad.
Los jueces se sacaron la responsabilidad de encima, el encuentro continuó como si nada y luego llegó el desenlace bochornoso donde algunos jugadores se cruzaron, hubo corridas y piñas camino a los vestuarios. En fin, un nuevo capítulo de las polémicas del arbitraje argentino, que esta vez dejaron a Estudiantes sin copa.


