Gran parte del fútbol de Brasil se encuentra movilizado por una cuestión no menor. Y es que semanas atrás, el gobierno de Lula Da Silva prohibió las apuestas deportivas por internet, nada más ni nada menos que el principal sponsor de varios de los gigantes de aquel país. En ese sentido, fueron muchas las voces que se expresaron en contra por el descalabro económico que dicha determinación genera, algo que se trasladó incluso a la cancha.
Tal es así que en el encuentro entre Flamengo y Santos por el Brasileirao, el rival de Estudiantes en la semifinal de la Copa Libertadores lució un particular mensaje en su camiseta, donde suele estar su principal patrocinador. “Prohibir no es proteger”, rezaba el mismo, el cual no pasó desapercibido. De hecho, fue una de las principales perlitas de un cruce que tuvo de todo, y que terminó igualado 2 a 2, tras haber comenzado el Mengao arriba 2-0.

La medida provisoria de Lula tiene fuerza de ley y el sponsor principal del club de Río de Janeiro está censurado de la camiseta, aunque aún no rescindió el contrato que lo une con uno de los gigantes brasileños hasta esperar la ratificación del Congreso en cuanto a una prohibición que generó mucha polémica, con argumentos a favor y otros en contra.
Además de Fla, otros clubes protestaron contra el gobierno de Brasil por la prohibición que comenzó a regir días atrás y que tiene validez por dos meses. Hace algunos días, hubo una campaña generalizada con el lema: “El fútbol brasileño puede desaparecer”, apuntando lógicamente al ingreso económico que perciben las instituciones por esa vía, el cual podría quedar descartado de profundizarse la medida.
Dentro de este marco, el oficialismo dio tiempo hasta mediados de octubre para que las publicidades de las casas de apuestas sean removidas de los uniformes, estadios y medios de comunicación. Y, de no hacerlo, se considerará al hecho como “publicidad ilegal”, lo que podría tener consecuentas legales. Todo en la previa a una serie semifinal de Copa Libertadores que iniciará en La Plata antes de tener que mudarse al Maracaná. Mientras tanto, el Pincha mira de reojo.


