Gimnasia tiene motivos para festejar. Y muchos. El 2-1 frente a Estudiantes de Río Cuarto en Córdoba lo dejó en la línea de los punteros, a la espera de Rosario Central, pero además terminó de transformar en certezas dos objetivos importantes: se aseguró un lugar en los playoffs y la clasificación a la próxima Copa Sudamericana. Ahora, con esa tranquilidad debajo del brazo, puede empezar a mirar un escalón más arriba y soñar con la Libertadores.
La victoria tuvo dos caras muy diferentes. La primera fue la que explica por qué este Gimnasia llegó hasta acá. Durante buena parte del primer tiempo fue un equipo agresivo, decidido y con recursos para lastimar, especialmente cuando la pelota pasó por Ignacio Fernández.
Ya a los ocho minutos Pedro Silva Torrejón había probado y Juan Antonini tuvo que salvar a Estudiantes. Después llegó un remate de Germán Conti, mientras Nacho empezaba a hacerse dueño de las pelotas detenidas: ejecutó dos córners prácticamente consecutivos en los primeros diez minutos. Más tarde también apareció Alexis Steimbach con un disparo que Fernando Rodríguez consiguió bloquear. Gimnasia avisaba.
Y a los 24 encontró el premio. Nacho Fernández volvió a meter su zurda en el desarrollo del partido y Marcelo Torres terminó apareciendo de cabeza para marcar el 1-0. No fue una aparición aislada: el Lobo ya había conseguido instalarse en campo rival y jugar el encuentro que pretendía.
Incluso después de la ventaja siguió buscando. Torres tuvo otra oportunidad a los 30′, Lucas Janson probó a los 39′ y, apenas un minuto más tarde, apareció el hombre de la noche. Nacho sacó el zurdazo desde afuera y puso el 2-0 a los 40 minutos, cerrando un primer tiempo en el que Gimnasia había conseguido combinar intensidad, presencia ofensiva y contundencia.
El problema fue que después del descanso pareció quedar demasiado conforme con lo hecho.
Estudiantes movió inmediatamente el banco con el ingreso de Siro Rosané y salió decidido a discutirle la pelota. En apenas un minuto ya había obligado a Mateo Seoane a rechazar un remate del propio Rosané y generado un córner. Gimnasia todavía tuvo oportunidades para liquidarlo -Steimbach remató afuera y Lautaro Herrera evitó el tercero ante Marcelo Torres a los cinco minutos-, pero poco a poco empezó a perder metros y el partido se fue inclinando hacia su área.
Ahí apareció también la lectura de Nacho. Fernández reclamó que el equipo no se metiera atrás y hasta le pidió a Ariel Pereyra que moviera el banco porque entendía perfectamente lo que estaba sucediendo: Gimnasia había perdido el ritmo con el que había dominado el primer tiempo.
Y Estudiantes lo aprovechó. A los nueve minutos, Gabriel Alanís marcó el 2-1 y encendió definitivamente el partido.
Lo que vino inmediatamente después fue todavía más delicado. Alexis Steimbach, que había sido amonestado después del descuento, cometió una infracción sobre Fernando Rodríguez. El árbitro entendió originalmente que había sido dentro del área: cobró penal y le mostró la segunda amarilla. El VAR corrigió la ubicación de la falta y determinó que había sido afuera. Gimnasia se quedó con diez, pero al menos evitó afrontar un penal cuando Estudiantes estaba lanzado en busca del empate.
Un alivio enorme.
Porque el local siguió empujando. A los 15′ tuvo un córner y Rosané encontró un remate que el propio Nacho Fernández terminó desviando; poco después Ignacio Miramón debió mandar otra pelota al córner. Era evidente que el partido había cambiado: Gimnasia había pasado de controlar a resistir.
Pereyra entonces empezó a hacer lo que Nacho reclamaba desde adentro. Primero sacó a Lucas Janson para meter a Pablo Aguiar y después refrescó el equipo con Facundo Di Biasi y Matías Melluso. Más adelante ingresaron Manuel Panaro y Renzo Giampaoli para afrontar el tramo final.
Y Gimnasia sobrevivió al momento más incómodo. Hasta recuperó algo de aire sobre el cierre: Enzo Martínez obligó a Lautaro Herrera a intervenir a los 38′, mientras Estudiantes empezó a desesperarse. La expulsión de Juan Antonini a los 41′ terminó por equilibrar numéricamente un partido que para entonces ya se jugaba mucho más con los nervios que con el fútbol.
Por eso el balance debe ser celebratorio, aunque sin esconder el llamado de atención. Gimnasia hizo un primer tiempo para ilusionarse y un segundo tiempo para aprender. Cuando jugó, lastimó; cuando dejó de hacerlo, sufrió. Pero incluso en esa versión menos lúcida tuvo carácter para bancarse el descuento, la expulsión y el avance de un rival que estuvo cerca de empatarlo.
Y terminó ganando.
Eso es lo que queda por encima de todo. Gimnasia volvió de Córdoba con tres puntos enormes, alcanzó la línea de los punteros, ya tiene asegurados los playoffs y la Sudamericana y ahora puede permitirse una pregunta que hace algunos meses parecía mucho más lejana.
Si ya cumplió esos objetivos y sigue teniendo a un Nacho Fernández capaz de manejar partidos como el de este viernes, ¿por qué no soñar también con la Libertadores?


