Gimnasia comenzó de muy buena manera el segundo semestre del 2026. El equipo de Ariel Pereyra sumó seis unidades de las nueve posibles, con lo que fueron los muy buenos triunfos ante River en el Bosque y ante Aldosivi en Mar del Plata. El Lobo cayó únicamente en el estreno ante Racing en Avellaneda, donde el 11 del Pata dejó dudas en prácticamente todas sus líneas, especialmente en el fondo. Y es que allí no tuvo a un protagonista que a fuerza de buenos rendimientos se ha vuelto un puntal de la defensa, Enzo Martínez.
El uruguayo, que llegó hace dos años libre procedente de Liverpool de Uruguay, tuvo que esperar por su chance. Sin demasiado cartel, se sumó a un Tripero que en ese entonces dirigía su compatriota Marcelo Méndez, quien lógicamente lo conocía del vecino país. No obstante, su paso previo por Argentina en Vélez no ilusionaba demasiado al público del Mens Sana. De hecho, todo lo contrario. Los apenas tres partidos jugados en el Fortín no generaban particular entusiasmo. Y al principio le costó meterse.

Aquel primer semestre en su regreso al fútbol argentino para defender los colores de Gimnasia lo tuvo en cancha en diez partidos oficiales, nueve de ellos en condición de titular por Liga Profesional y el restante siendo alternativa, por Copa Argentina. Y pese a que Méndez le dio la confianza, una durísima lesión le puso freno a ese impulso que venía tomando. En diciembre, en un encuentro ante Talleres en el Bosque, sufrió un esguince grave con ruptura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo. Fue operado días después y se perdió la primera parte del 2025.
Más allá de esto, la vuelta lo encontró ganando cada vez más terreno dentro de una última línea que no tenía a sus protagonistas definidos y que sufrió los diversos cambios de entrenador constantes. Pasaron Diego Flores y Alejandro Orfila, con más pena que gloria, hasta que Fernando Zaniratto tomó las riendas. El de Saladillo optó por él y por Renzo Giampaoli para los últimos encuentros en los que el Mens Sana buscaba mantener la categoría. Y los resultados y rendimientos acompañaron con creces y hasta goles. El Lobo se salvó, y llegó a semifinales, lo que hizo que el Club le ofreciera una merecida renovación al zurdo.
Martínez aceptó la misma y revalidó su importancia durante el primer semestre del año, donde el equipo llegó hasta cuartos de final, ya con el Pata al frente. Sin embargo, no pudo estar en el cruce con River en el Monumental por haber sido expulsado en la instancia previa ante Vélez, y el Tripero lo sintió. La eliminación culminó con su semestre y aquella roja le valió también perderse el debut del Torneo Clasura ante Racing, donde el 11 también tropezó.
Tras ello, volvió a ocupar su lugar en la zaga, primero con Renzo Giampaoli ante los de Núñez y luego con Juan Cruz Cortazzo frente al Tiburón, ante las múltiples bajas por lesión en la última línea del Albiazul. Hoy por hoy es uno de los estandartes y voz de mando en el fondo quien, a su juego sólido le ha sumado una cuota de gol importante a tener en cuenta. Llegó en silencio, por recomendación de Méndez, y supo construir un presente que lo tiene como uno de los baluartes de un Lobo que sueña.


