Algunas cuestiones resultan realmente muy difíciles de explicar en el fútbol argentino. Desde contrataciones de jugadores a lo mismo en cuanto a entrenadores, lo dicho también sucede con ciclos. Muchas veces los DTs pasan con más pena que gloria por los clubes y otras, las pocas, sucede todo lo opuesto.
Eso parece estar ocurriendo con Diego Flores, quien tras un flojísimo paso por Gimnasia y apenas unos meses en el fútbol de Israel, parece estar viviendo un renacer en Instituto de Córdoba. Los números no mienten. El Traductor ganó seis de los diez partidos que dirigió a los cordobeses, empató uno y perdió los restantes tres para un 63% de efectividad (19 de 30).

Todo muy lejano a aquel magrísimo 35% de efectividad en el Lobo en la misma cantidad de encuentros y con aquella humillante eliminación en Copa Argentina a manos de Central Córdoba de Rosario, equipo que en ese militaba en la Primera C. Lo dicho incluso desencadenó en su salida.
De esos 13 partidos mencionados, el Traductor ganó únicamente tres con el Tripero (San Martín de San Juan, Atlético Tucumán y Platense), en tanto que perdió y empató en partes iguales los restantes diez. Nunca le encontró la vuelta a un equipo que en su estadía en el Club nunca mostró dar un salto de calidad ni de rendimiento, lo que lo marginó del cargo en cuestión de meses.

Lo concreto es que ahora, tras otro frustado paso por el exterior, parece estar reinventándose en Córdoba. Con 17 unidades en Apertura (16 conseguidas desde que llegó a la institución), la Gloria está a un punto de Talleres e Independiente, ambos con 18, y los últimos dos que estarían metiéndose en los playoffs. De la mano del Traductor, los cordobeses sueñan.

