Marcos Rojo lo hizo. Se vistió de superhéroe y logró, por cuenta propia, lograr su propia habilitación para jugar la Copa Libertadores, el torneo local y la Supercopa Argentina. Y una vez que logró finalmente lo que tanto esperaba él y también la dirigencia, el defensor subió una historia, con su representantes Kristian Bereit, el inglés que es su mano derecha en todo y le dio una mano en toda la negociación.
En realidad, Rojo resubió una historia de Bereit. El agente puso: “Juntos en cada batalla, hasta el final”. Y el defensor le comentó: “Juntos siempre, hermano”.
Fue, en definitiva, la primera sensación que expresó el defensor tras gestionar con Tapia su incorporación a Estudiantes, cuando todo parecía caído y despupés de que la AFA comunicara su primera negativa, que lo perjudicaba notablemente: porque lo dejaba sin la chance de volver al Pincha y sin poder retornar a Racing, después de haber roto relaciones.

Sin embargo, él mismo solucionó todo, demostrando sus ganas de volver al club, algo que el hincha seguramente valorará y que viene a cerrar las heridas abiertas después de años de turbulencias, tras la decisión de Rojo de jugar en Boca y de manifestarse hincha de ese club. Ahora, arranca un nuevo capítulo. Y Rojo vuelve al lugar que lo formó, abriendo su propia puerta y dejando en claro su sueño de cerrar el círculo de la mejor manera.


