Que el arranque de 2026 fue movido no admite discusión. Después del bicampeonato logrado a fines de 2025, se intuían movimientos, pero nadie imaginaba semejante magnitud. Mucho menos que incluyeran la salida de Eduardo Domínguez, el arquitecto de uno de los ciclos más exitosos de la historia reciente de Estudiantes de La Plata.
Tras la confirmación de que Domínguez dirigirá su último partido y luego asumirá en Atlético Mineiro, el impacto fue total. Desde Brasil habían adelantado negociaciones con el club presidido por Juan Sebastián Verón, y tras una extensa reunión quedó sellada la salida. El club de Belo Horizonte, que había despedido a Jorge Sampaoli, encontró en el Barba a su sucesor.

Movimientos que golpean los cimientos
Si bien la partida del DT es la más traumática por lo simbólico y estructural, no fue la única. Antes se había ido el capitán, Santiago Ascacibar, quien decidió marcharse a Boca Juniors con el torneo ya iniciado. La forma y el momento potenciaron el malestar: hubo reclamos en redes, murmullos en la tribuna y hasta una bandera que dejó en claro el descontento.

Otra baja que hará mella es la de Cristian Medina. El volante, propiedad del Grupo Foster, continuará su carrera en Botafogo. Domínguez lo había catalogado como “el mejor volante del fútbol argentino”, y su salida implica perder dinámica, juego y personalidad en la mitad de la cancha. Sin él, el mediocampo no será el mismo.

Y todavía hay una incógnita abierta: Edwuin Cetré. El colombiano, el futbolista más desequilibrante del plantel y clave en las finales, estuvo cerca de emigrar a Boca o a Athletico Paranaense. Aunque la situación se enfrió, su continuidad depende de una oferta que alivie las arcas del club. Si se concreta, el golpe sería doble: deportivo y anímico.

Libertadores en la mira y una vara altísima

Con este panorama, Estudiantes pone en marcha un año exigente, con la Copa Libertadores como gran objetivo. La sangría es innegable y el desafío será reconstruir rápido una estructura que hasta hace semanas parecía sólida e inquebrantable.
La pregunta que sobrevuela 1 y 57 es clara: ¿cuánto afectarán estas salidas al rendimiento de un equipo que venía de tocar el cielo? Tiempo hay, jerarquía también. Pero el verano dejó heridas que todavía están abiertas.

