De formarse en Estudiantes a ser un potencial verdugo en la lucha por el campeonato. Será difícil o al menos extraño para Facundo Bruera enfrentarse a su cuna futbolera. Nacido en La Plata, desde muy chico se puso la del Pincha: llegó en 2008 desde ADAFI, cuando todavía era un pibe de infantiles, y fue escalando paso a paso en la cantera albirroja. Y ahora defiende la misma paleta cromática, pero en Barracas.
Cuando este domingo le toque volver a UNO, lo hará desde otro lado. Como el killer de un Barracas Central que está segundo en el campeonato, que compite con Estudiantes para meterse entre los mejores para definir como local en una eventual ronda de playoffs que será, sin dudas, histórica. Y eso pesará si le toca convertirle.
De hacer goles, Bruera sabe y mucho. Los primeros en AFA fueron en 2013, y a partir de ahí su carrera juvenil fue un festival: dos tantos en Octava, siete en Séptima, diez en Sexta y un 2016 inolvidable con 18 gritos en Quinta. Ese mismo año viajó a Qatar para jugar un torneo con la Aspire Academy, fue goleador y levantó la copa. También integró el plantel campeón en Malasia de la Frenz Cup Sub-19. Ah, le hizo uno al Pincha para ganar a fines de marzo…
Un delantero de gran camada
Bruera es de la categoría de Foyth, Cejas y Sivetti y compartió sueños, micro, vestuario y goles hasta que le llegó la Reserva: 5 tantos en 17 partidos. El club lo premió con su primer contrato profesional en 2017, pero el camino en Primera no se abrió como esperaba. Pasó a préstamo por Independiente Rivadavia y, con pocas chances, decidió cortar y buscar nuevos rumbos. Quilmes fue su primera parada estable, con 19 partidos y un par de gritos.
El verdadero despegue lo encontró en Brown de Adrogué: 16 goles en 39 partidos que lo catapultaron a Paraguay. Allí vistió la de Nacional primero y la de Olimpia después, convirtiéndose en un delantero con nombre propio.

El buen presente lo trajo de regreso al fútbol argentino: San Lorenzo lo tuvo fugazmente, pero fue en Barracas Central donde encontró continuidad y goles, once en 38 partidos, que lo ponen como uno de los atacantes más confiables del campeonato.
Hijo de Pablo, el ex intendente de La Plata, Facundo se forjó una carrera sin escudos protectores. De aquellos días de pibe en ADAFI a los gritos en Primera, Bruera es la muestra de un camino lleno de curvas, pero también de perseverancia. Y hoy, con 27 años, el nueve platense parece haber encontrado su lugar en el fútbol grande. Y puede tocar ser verdugo, también.

