Santiago Ascacibar tiene una nueva costumbre en Boca: hacer goles. Tras marcarle a Estudiantes el miércoles pasado, para el 1 a 0 del Xeneize ante el Pincha, el Ruso volvió a aparecer en el área ante Vélez, esta vez para convertir el 1-1 en el Ducó. Así, estiró a tres partidos consecutivos su racha goleadora en cuatro juegos. Un registro impensado para un volante cuya principal virtud históricamente estuvo mucho más relacionada con recuperar pelotas, correr y meter que con pisar el área rival.
El gol ante el Fortín tuvo mucho de oportunismo. Y de olfato goleador también. Después de un remate de Leonel Flores y un rebote que dejó servido el arquero Marchiori, Ascacibar apareció donde debe aparecer un nueve: leyó la jugada, atacó el espacio y definió de primera para devolverle la vida a Boca. Y no se quedó ahí: pocos minutos después volvió a ganar en el área y metió un cabezazo que terminó pegando en el palo. El Ruso estaba jugando como si fuera delantero.
Lo llamativo es que no fue una aparición aislada. Ascacibar venía de convertir ante Newell’s y luego había marcado el 1-0 frente a Estudiantes, justamente el club donde se formó, cumpliendo la clásica ley del Ex. Ante Vélez completó la trilogía y se convirtió en el único jugador de Boca que convirtió en los tres últimos partidos del equipo. En el corto ciclo de Rodolfo Arruabarrena, además, ya es el máximo goleador del ciclo. Impensado.
La transformación resulta todavía más curiosa por el contexto. Boca incorporó a Enner Valencia y sigue esperando respuestas de sus delanteros, pero mientras los nombres de ataque buscan regularidad, él que aparece para resolver los partidos es un mediocampista de marca. Ascacibar encontró una nueva faceta: llegar, atacar los rebotes, meterse en el área y aprovechar cada pelota suelta. Una solución inesperada que el Vasco parece haber encontrado casi sin buscarla.
Y el dato empieza a tomar peso: con su gol ante Vélez, el Ruso ya suma tres tantos consecutivos en el Clausura y se consolidó como una de las principales cartas ofensivas de este Boca. El volante que llegó para darle equilibrio al mediocampo ahora también le aporta gol. Y si mantiene este olfato, el Xeneize habrá encontrado en Ascacibar a un goleador que nadie tenía en los planes.
El cabezazo en el palo que casi termina en el 2 a 1

