Son pocos los casos de apellidos asociados a números en la historia del deporte. Diego Maradona y Lionel Messi, ambos con la “10”, quizás representen el máximo ejemplo a nivel argentino. Sin embargo, a nivel mundial, pocos alcanzan lo hecho por Michael Jordan y la mítica “23”, sobre todo en los Chicago Bulls. Y si bien es cierto que luego de su primer retiro de la NBA, Su Majestad utilizó por un tiempo la número “45” (la que utilizó en su etapa en el Baseball), hubo una única oportunidad en la que no fueron ninguna de las dos. Fue la “12” y por un insólito motivo.
Era febrero de 1990 y Jordan y los Bulls eran la absoluta sensación del mejor básquet del mundo. Chicago se encontraba cerrando una gira en condición de visitante, y el Día de los Enamorados los llevaba a medirse con Orlando Magic en la Florida. Sin embargo, horas antes del encuentro, los utileros se percataron de la ausencia de la ahora legendaria camiseta roja con el “23” en la espalda. Y sin recambio de la misma, la única alternativa fue ofrecerle a Su Majestad la “12” y sin apellido. A Jordan no le hizo gracia alguna dicha cuestión y terminó aceptando de mala gana. Mal no le fue. Cerró su planilla con 49 puntos en lo que fue el triunfo de los Bulls sobre el Magic por 135 a 129.
Si bien han pasado 33 años de aquel particular momento, aún se desconoce qué pasó con la camiseta que debería haber usado el 6 veces campeón de la NBA. Algunos acusan a un empleado de seguridad de Orlando, de quien incluso se dice que escondió el manto sagrado en el techo del estadio para que no pudiera ser encontrado.
Lo cierto es que a Jordan no le gustó para nada lo que se vivió aquella noche. Sin su camiseta e insólitamente sin alguna de repuesto, se vio obligado a usar la “12” dentro de un partido que quedó en la historia. Fue tal el malestar de Su Majestad, que al terminar el encuentro se retiró sin firmar ni un autógrafo.

