Como las grandes historias, esta, comienza con una premonición. Una piba que se lamentaba porque su club parecía tener destino de descenso asegurado, decide ir a un bar a despejarse después de que su equipo pierda de nuevo sin saber que estaba a punto de volverse una testigo privilegiada de una página de historia deportiva argentina (y por qué no, mundial). Ella, que miraba un busto de Maradona y encontraba consuelo en él, estaba a punto de transportarse a un espacio donde a millones les temblaría el pulso y se irían en lágrimas. Eva Pardo no lo sabía, pero estaba a punto de convertirse en la fotógrafa de Dios.
“Yo no me acordaba cómo era mi vida antes. Cómo eran los días. En qué pensaba”, la frase no sólo parece de alguien que se recupera de un shock, es de alguien que lo transitó desde lo más profundo de sus entrañas. La misma que sacaba fotos para Gimnasia es hoy quien eterniza las sonrisas de Maradona en azul y blanco.
Premonición: El busto de Diego anticipaba el comienzo de la historia
Puede que Eva Pardo sea la fotógrafa más envidiada en el mundo y no lo sepa, como también puede que no haya una explicación lógica para aquella premonición, pero sí quizás exista, una suerte de militancia espiritual que traslade a los puros a los lugares de privilegio. Todo puede ser en el reino de D10s.
“Me crié en Los Hornos, al fondo, rodeada de mujeres”, cuenta Pardo, única fotógrafa de la familia, madre de dos niñas, hija, sobrina, prima y nieta de mujeres que se manejan en manada. Una manada tripera y peronista. “Siempre sentí a Gimnasia muy profundo”, explica Eva, que llama al ser de Gimnasia “estar del lado del bien”. De hecho, el padre pincha poco pudo hacer contra ese sentimiento que hoy la tiene en un viaje emocional permanente.
“A Maradona siempre lo amé. Lo amo desde chica, me acuerdo poco del mundial 86´ y me acuerdo del 90´ perfectamente. Él toca tantas fibras de todos… con su juego, con sus formas, con sus errores con todo, tan cercano uno lo siente, que es Dios”, confiesa Pardo que deja en claro que Thom Yorke y Joan Manuel Serrat quedan cómodos compitiendo por la plata y el bronce, lejos, lejísimos de Pelusa que ahora se le cuela en los mensajes de voz ajenos o que la vuelve loca en los viajes del plantel, cual adolescente en viaje de egresados.
Diego Armando Maradona es técnico de Gimnasia desde el 5 de septiembre de 2019, pero parece estar en La Plata hace años. Su cabeza está puesta en el Lobo y la cabeza de todos está puesta en él, la de Eva en particular lo tiene en foco 24/7. “El da lo mejor de él”, cuenta Pardo. “Diego ve que le apunto y saca la mejor sonrisa, siento el respeto por el laburo que hago. Da lo mejor de él”. A la hora de definirlo, describe a un tipo común y no a uno que le devolvió la alegría a un país atravesado por una guerra, desparramando ingleses por el piso, mezclando todo sentimiento, a lo Diego. “Es cordial, simpático, generoso, sencillo y no tiene historia”, dice Eva y tiene razón: Diego no tiene historia, Diego es una historia a cada paso.
Pardo ha atesorado una cantidad de imágenes que se han multiplicado por cuanto celular haya en a Argentina. Con sólo una pose, una frase o una visera, Diego se roba las tapas de los medios. Como cuando apareció en Estancia Chica con la imagen del Indio Solari en azul y blanco y la foto se volvió cientos de cuadros y se reflotaron tantos mitos que unen a las dos leyendas populares.
Hace 6 años que Pardo retrata la vida de Gimnasia, sin embargo nunca se había puesto tanto la lupa sobre su trabajo y tampoco se había hablado tanto de ella, para bien y para mal. Las cuestiones de género y los comentarios que no se harían sobre un hombre le llegaron con el paquete: “ El machismo es social y nos atraviesa a todos. Nacemos y nos crían en una sociedad patriarcal. A nosotras nos cae la ficha porque nos pasa. A mí me pasa lo que le pasa a cualquiera que trata con 90% de hombres. Las mujeres son machistas y dicen cosas como que estás porque te agarraste al Presidente. Lo que noto es que ahora, ante esto, las mujeres nos juntamos. Da tristeza cuando hay colegas que hablan y se prenden. No doy bola, una vez dije basta y hablé con quien era responsable del medio y se terminó”, señala mientras en la cocina suena la música clásica que la atrapó en cuarentena.
“Siento que me hice el lugar, siento que se ve cómo siento el trabajo. Es importante estar en donde estoy. Más allá de Maradona y de lo que venga, es un buen momento: yo como mujer, es una movida que esta buena y para defender, para hacer un mundo más justo”, le explica a Infocielo quien ya superó con creces la paralisis inicial de conocer a Diego: “Pasé una noche sin dormir. La gente en el hotel se reía, lloraba, todo a la vez. La gente estaba enloquecida y él chocho, cuando entró y me dio la mano, me quedé dura“, recuerda.
Primera generación de fotógrafas en la familia, criada a revelados analógicos, Eva cumplió el sueño de tener la foto con Diego haciendo la V de la victoria y sueña con el legado: “Me encantaría que mis hijas lo sigan y sigan este camino. Que un día miren el cielo y se acuerden de mí” dice. Quizás hoy no tenga en cuenta que en ese tiempo futuro, esa madre, también vivirá en la sonrisa encuadrada del dios más terrenal que haya tenido este suelo.





