Gimnasia dejó escapar una oportunidad que podía cambiar su posición en el Torneo Clausura. El empate 1-1 ante Atlético Tucumán significó el cuarto consecutivo para un equipo que necesitaba ganar para quedar transitoriamente como líder del campeonato. Y aunque consiguió rescatar un punto sobre el final, gracias a un penal convertido por Marcelo Torres, volvió a quedarse con una sensación incómoda: hizo méritos para ganar, pero le faltó contundencia en los momentos determinantes. Tal fue la bronca que se escucharon algunos silbidos.
El primer tiempo de Gimnasia había sido incómodo, impreciso y con escasos espacios para desarrollar su juego. El equipo platense intentó asumir el protagonismo, pero encontró dificultades para darle continuidad a la circulación y generar situaciones claras. Atlético Tucumán consiguió interrumpir los avances del Lobo, que dependió de algunas apariciones individuales de Ignacio Miramón y de las intervenciones ofensivas de Germán Conti para inquietar a Luis Ingolotti.
Sin embargo, Gimnasia mostró una versión considerablemente mejor durante el segundo tiempo. Adelantó sus líneas, aumentó la intensidad y consiguió acorralar a Atlético Tucumán durante varios pasajes. Ignacio Fernández, Maximiliano Zalazar e Ignacio Miramón exigieron al arquero visitante, mientras que el equipo acumuló aproximaciones y tiros de esquina. Según el minuto a minuto disponible, llegó a ejecutar nueve córners hasta los 38 minutos del complemento, una muestra de su insistencia ofensiva.

El problema estuvo en la falta de eficacia para transformar esa superioridad en goles. Gimnasia generó situaciones, pero careció de precisión en la definición y tampoco consiguió aprovechar las pelotas detenidas. Ingolotti respondió cuando fue exigido y Clever Ferreira resultó determinante con sus despejes. El Lobo encontró caminos para atacar, aunque nunca terminó de resolver con claridad las acciones que había conseguido construir.
Y cuando Gimnasia estaba mejor y parecía más cerca de abrir el marcador, Atlético Tucumán encontró el 1-0 en una jugada aislada. A los 38 minutos del segundo tiempo, Lautaro Godoy sacó un remate que, después de un leve roce, terminó dentro del arco. Nelson Insfrán no consiguió desviarlo y el visitante pasó al frente en el momento en que el conjunto platense había conseguido inclinar el desarrollo a su favor. Un golpe demasiado duro para lo que había mostrado cada equipo.
Sin embargo, Gimnasia encontró una última oportunidad para evitar la derrota. En el tramo final, Leonel Di Plácido pisó a Franco Torres dentro del área y el árbitro sancionó penal. Marcelo Torres asumió la responsabilidad y convirtió el 1-1 que le permitió al Lobo rescatar un punto después de haber quedado inesperadamente en desventaja. Un empate que evitó un desenlace todavía más frustrante, aunque no alcanzó para cumplir con el objetivo inicial.
El cuarto empate consecutivo volvió a dejar expuesta una dificultad que Gimnasia necesita resolver: transformar sus momentos favorables en victorias. Porque el equipo sigue bien ubicado en el Clausura, pero desperdició la posibilidad de quedar transitoriamente en lo más alto. Y porque también necesita sumar de a tres para proteger su posición en la tabla anual, donde sostiene la pelea por la clasificación a las copas internacionales. El Lobo compite, genera y reacciona, pero necesita dar el golpe para consolidarse en las dos tablas. La diferencia entre mantenerse en carrera y convertirse en protagonista empieza a pasar, cada vez más, por su capacidad para ganar estos partidos.


