En el principio hubo esperas. Largas horas en las que una operadora intentaba conectar el antiguo teléfono semi público de la estación de servicio local con la Ciudad de Buenos Aires. Sentados a una mesa pequeña, entre hojas sueltas, lápices y risas compartidas, dos hombres le ganaban al tiempo. Eran Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch o, lo que es lo mismo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges redactando el célebre folleto publicitario de La Leche Cuajada de La Martona o pergeñando las tramas policiales que terminarían en la mítica colección El Séptimo Círculo.
Esas tardes de verano, que comenzaban entre llamadas telefónicas y culminaban en la cercana estancia Rincón Viejo, ocurrieron en Pardo, un paraje rural de 200 habitantes en el municipio de Las Flores. Allí, bajo la mirada atenta de Silvina Ocampo y la estela del legendario Grupo Sur —que integraron figuras de la talla de Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, Eduardo Mallea, Ernesto Sábato, Oliverio Girondo y Manuel Mujica Lainez—, se moldeó buena parte de la literatura hispanoamericana del siglo XX.
Hoy, esas seis cuadras se preparan para rendir homenaje a su memoria y a su presente. El fin de semana del 19 y 20 de septiembre, Pardo vestirá sus mejores galas para celebrar sus 150 años de historia en la Plazoleta Pablo Lamaro, con un programa que incluirá música en vivo, desfiles, ferias de artesanos y juegos campestres.
Las seis calles de la memoria
Sus calles que no llevan números ni nombres de próceres, se llaman Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras y Los Cipreses. La responsable de esa nomenclatura botánica fue la profesora Nora Genaro, historiadora fundamental del pueblo.

Con sus 80 y tantos años, la docente aún recorre el paraje que documentó desde sus orígenes. Fue ella quien rescató las actas de la fundación del Club local —creado en 1920—, investigó los parajes vecinos como Rosas y Del Trigo, y fijó el 18 de septiembre como la fecha precisa de la fundación de Pardo.
“Es un pueblito muy chiquito donde la gente anda en bicicleta, la deja afuera y nadie la toca. Se vive tranquilo, a su ritmo, con las puertas abiertas y donde todavía existe el fiado”, relata un vecino sobre la cotidianidad de un lugar que atrae a cada vez más personas en busca de refugio frente al vértigo urbano.

Un refugio para el turismo “slow”
Ubicado a 40 kilómetros de la cabecera del partido de Las Flores y a solo 3 kilómetros del kilómetro 223 de la Ruta Nacional 3, Pardo se ha consolidado como un emblema del turismo comunitario y sustentable.
Entre sus atractivos destaca Yamay, un emprendimiento enfocado en la vida sostenible donde los visitantes pueden hospedarse en tradicionales yurtas. Para quienes buscan descanso campestre, opciones como Cabañas Ángel Viejo, Casa de Campo La Palmera o Chacra Don Julio completan la oferta de alojamiento.
El recorrido gastronómico y cultural ofrece paradas obligadas, la Pulpería (en la antigua estación de YPF), atendida por Fredy, alberga una pintoresca colección de teléfonos de época y antigüedades. Almacenes tradicionales como Ayres de Pardo, el Almacén La Terminal —punto de llegada del micro que conecta dos veces al día con Buenos Aires—, el Almacén Casa Lamaro y lo de García. Además, cuenta con el Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares (ubicado en la antigua estación de ferrocarril), la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (construida en 1892 tras una donación de la familia Bioy), el histórico paraje del Puente de Hierro sobre el Canal 11 y las obras de restauración del antiguo Hotel Casa Bioy.
Este septiembre, el paraje de las seis calles abre sus puertas de par en par. Una oportunidad única para recorrer los mismos senderos donde dos genios de las letras se sentaban a inventar ficciones mientras esperaban que la operadora dijera, al fin, que la llamada a Buenos Aires estaba lista.


