En un campeonato donde cada detalle cuenta, Estudiantes construye su presente desde atrás. Con solo siete goles recibidos, el equipo tiene la valla menos vencida del torneo, un dato que explica buena parte de su regularidad y protagonismo.
El propio Medina puso el foco en ese aspecto tras el último partido: “Estuvimos sólidos defensivamente y eso me da tranquilidad”, remarcó, valorando el trabajo colectivo en la última línea.

Más allá de las variantes que fue teniendo el equipo —incluido el cambio de arquero—, la estructura defensiva no se resintió. Lejos de perder consistencia, Estudiantes logró sostener una idea clara: orden, concentración y compromiso en cada sector de la cancha.
Los números refuerzan esa sensación: a Estudiantes le marcaron apenas un gol por partido y nunca más de uno en un mismo encuentro. Los tantos en contra llegaron frente a Unión, San Lorenzo, Gimnasia de Mendoza, Lanús, Vélez, Boca e Independiente, todos con una única conquista.

Esa solidez no solo se refleja en las estadísticas, sino también en la sensación que transmite el equipo dentro del campo. Estudiantes es un equipo difícil de lastimar, que concede poco y que entiende que, desde esa base, puede construir sus aspiraciones.
Con una defensa como bandera, el equipo de Medina encuentra un respaldo clave para seguir dando pelea arriba.


