Hace 32 años atrás, un 30 de enero de 1994, Gimnasia tocaba el cielo con las manos. Aquel equipo dirigido por Roberto Perfumo superaba a River 3-1 en la gran definición de la Copa Centenario en el Bosque, para así bordar una estrella para toda la eternidad. Hugo Guerra, Pablo Fernández y Guillermo Barros Schelotto marcaron en aquella sofocante tarde de verano.
El Lobo se puso arriba sobre el cierre del primer tiempo dentro de un choque que tuvo a Javier Castrilli como árbitro y que contó con muchísimos condimentos. De la media vuelta de Berti al penal atajado por Javier Lavallén. El empate de Facundo Villalba apenas iniciado el complemento y los goles del Moncho y el Melli para coronar un tremendo camino.

Todo comenzó nada menos que con el Clásico Platense. El Lobo derrotó a Estudiantes en el Bosque seis meses atrás de la obtención de la Copa, el 26 de junio de 1993. Guillermo anotó el 1-0 con una excelsa definición por arriba de Arturo Yorno para un cruce que tuvo su revancha semanas después en UNO, y finalizó 0 a 0.
Tras ello, el 11 del Mens Sana superó de manera consecutiva a Newell’s Old Boys (1 a 0 con gol de Dopazo), a Argentinos Juniors 2 a 1 (Dopazo y Morant) y, en la final de esa zona, a Belgrano de Córdoba por penales (4 a 3) tras empatar 2 a 2 en el reglamentario. Gustavo Barros Schelotto y Dopazo, en el estadio Chateau Carreras, anotaron en esa ocasión.
River, por su parte, llegó al partido decisivo tras quedarse con la ronda de perdedores. El equipo de Daniel Passarella eliminó a Independiente, Deportivo Español, Argentinos Juniors, San Lorenzo y Belgrano de Córdoba, al que dejó en el camino en Mendoza para meterse en una final en la que se encontró con un mejor Gimnasia.

