Estudiantes tuvo una noche copera especial. De esas que quedarán grabadas en la memoria de todos los hinchas. No tanto por el rival ni por el resultado, aunque por supuesto era importante y crucial para continuar en el certamen internacional, sino porque agasajó y homenajeó a uno de sus máximos ídolos a lo largo de toda su historia: Juan Ramón Verón.
La Bruja tuvo su merecido reconocimiento tras una vida entregada al club. Los hinchas afuera, batallando contra el frío y cantando por el héroe de Manchester, y los jugadores adentro, cumpliendo con su tarea, superando a Carabobo sin sobresaltos, como era de esperar, y clasificando a los octavos de final como primero del Grupo A, por encima de Botafogo que le ganó a la U de Chile en Brasil.
No fue una noche sencilla. Había que dejar de lado lo externo y meterse en el partido. Y lo hizo. Había que romper el cero, quizás el paso más difícil de lograr pensando en superar a este tipo de rivales, que sintiéndose inferiores suelen cerrarse y replegarse en el fondo. Y también lo hizo. Rápidamente, casi al minuto 11.

Todo ello de destrabó con el golazo de Edwuin Cetré a los 10 de la primera mitad, un grito de gol que se unió al homenaje a la Bruja y que terminó por generar el clima de partido que suele tener el Estadio de UNO. A partir de allí, el Pincha dominó a su gusto, manejó la pelota, los tiempos del partido e incluso amplió la ventaja mediante Giménez antes del entretiempo.
En el complemento reguló. No se desesperó por transformar la victoria parcial en goleada y se centró en controlar y no desgastarse. El partido se rompió, no hubo mediocampo, y la visita se la jugó en ataque, aunque en ningún momento logró incomodar a Mansilla.
Fue victoria, fue clasificación y fue homenaje. Una noche de copa redonda, que deposita a Estudiantes en octavos de final como primero del Grupo y que agasajó merecidamente a una leyenda, a un emblema como Juan Ramón Verón. Para un ídolo que levantó tres Libertadores, su adiós no podía ser de otra manera.

