Tanto los grandes medios concentrados de comunicación como dirigentes opositores entraron en el juego arcaico de “El gran Bonete” de no hacerse responsables por la tremenda campaña de desinformación acerca de la vacuna rusa Sputnik a la que condujeron al país durante meses, y que por ahora ha costado al menos dos muertes de trabajadores de la salud que se negaron en su momento a recibir esa vacuna.
La médica Maria Rosa Fullone del Hospital Fernández de 56 años y el enfermero Salvador Roberto Curzio de La Plata de 51, son hasta ahora los dos casos que trascendieron y pudieron ser confirmados.
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Ambos tuvieron la chance de ser inoculados con la Sputnik en meses iniciales del plan de vacunación y lo rechazaron por influencia de la imponente campaña fogoneada por dirigentes de la oposición y replicada en infinidad de notas y reportajes televisivos que hacían dudar de la efectividad de la Sputnik por su origen ruso, al cual llegaron en varias ocasiones a denominar “veneno” y “soviético”.
Lo llamativo ahora no sólo es que, como en aquel viejo juego de niños llamado El Gran Bonete, en el que se preguntaba ¿yo señor?, sí señor. No, señor, ¿pues entonces quien lo tiene?, ahora los medios y la oposición juegan también al distraído, mirando para otro lado y desentendiéndose como “perro mientras lo vacunan”.
Y peor aún, algún dirigente se animó a más y acusó al gobierno de ser el culpable de esas muertes por no haber sido lo suficientemente claro a la hora de transmitir el mensaje acerca de la fiabilidad de la vacuna rusa.
Es decir, no sólo no se hacen cargo de las muertes que provocaron sino que señalan a quienes más defendían que la población debía aplicársela, sobre todo el personal de salud, por no ser lo suficientemente insistentes para que los ciudadanos confíen.
La periodista Rosario Ayerdi emitió un mensaje en sus redes sociales sobre las razones de la muerte del enfermero platense que decía: “En La Plata murió un enfermero que no se había querido vacunar. Otro enfermero cuenta esto la campaña de desinformación contra la vacuna caló hasta en el personal médico”. Luego la periodista coloca una captura de los dichos del compañero del enfermero fallecido, que aquí también acompañamos.
A este mensaje el dirigente opositor platense Julio Irurueta le responde en Twitter algo que llamó la atención porque no parece tener correlación alguna con el modo en que se dieron los hechos que allí relata: “La responsabilidad primaria y principal de informar como corresponde es del Estado, y más aún en un tema tan delicado y reciente. No se puede culpar a los medios, si el Gobierno hubiese sido claro, conciso y certero, no daba lugar para especulaciones de ningún tipo”.
Irurueta sale en defensa épica de los medios de comunicación que llenaron sus páginas y sus horas de aire con miles de opiniones contrarias a la vacuna Sputnik hasta que la revista inglesa The Lancet les cerró el chorro de barbaridades que escribían y parloteaban, pero como demuestra su tweet, para muchos dirigentes de Juntos por el Cambio la culpa no es de ellos ni de los medios, sino del gobierno.
En una metáfora digna del libro de Mauricio Macri sería como perder 4 a 0 y echarle la culpa al árbitro. Sólo que en lugar de goles hablamos de muertes.
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