A alguien en Twitter se le ocurrió defender al histórico “café batido con espumita”, y le “saltaron a la yugular”.
“Eso no es café”, “no tomes esa porquería”, “te va a destruir el estómago”, fueron sólo algunas de las frases que le replicaron a quien “osó” defender una tradición desde la segunda mitad del siglo pasado en Argentina: un producto que aquí se denomina “instantáneo”, pero que la evolución del consumo de café de los últimos años, condenó a un lugar de oscuridad y vergüenza.
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TORRADO, TOSTADO, AZUCARADO Y MAL ETIQUETADO
El café instantáneo, también llamado café soluble o “café de cristales”, es un producto muy diferente al café en granos o molido.
Se trata de una bebida derivada de los granos de café, pero que se prepara comercialmente por “liofilización”, o secado por pulverización, después de lo cual debe ser rehidratado para su consumo.
El debate se centró en si ese producto tan popular, y relativamente económico, podía ser realmente denominado café, a pesar de que algunas marcas comerciales lo rotulan de ese modo.
Y allí comenzaron las discusiones acerca de lo inviable de consumir un producto de calidad más que discutible, creyendo por historia y costumbre, que en este caso se trata de verdad de café.
Al ser Argentina un país de tradición matera mucho más que cafetera, en cuanto a las preferencias por infusiones, existe poca cultura en este área, lo que lleva a que muchísimos usuarios desconozcan las diferencias entre cada variante ligada al mundo del café.
Hay marcas que en su etiqueta colocan “Polvo para preparar infusión a base de café y jarabe de glucosa con colorante“, es decir no le llaman realmente café, aunque en los supermercados en Argentina, está ubicado en la misma góndola.
La diferencia es que esta variedad contiene otros aditivos además del café, como sucede también con un subproducto muy comercializado en Argentina como es el café “torrado con azúcar“, para disminuir su costo de fabricación.
Tanto el café instantáneo como el torrado son muy diferentes en Brasil y el resto del mundo, a donde torrado significa simplemente “tostado” y ninguno de los que se ofrecen en las góndolas contiene azúcar ni glucosa.
EL DISPARADOR QUE HIZO “SUBIR LA ESPUMA”
“Qué estupidez todo el esnobismo alrededor del café y la gente que no toma instantáneo”, fue el descargo de la usuaria que tuvo el “tupé” de defender ese método rápido y sencillo de preparar la bebida que ella denomina café, sin ninguna vergüenza.
Las réplicas de los amantes de la noble infusión fueron realmente demoledoras.
“El instantáneo no es café. El Torrado no se vende como café en ningún lado. Sub producto de la industria para vender lo q es invendible. No está mal consumir café de verdad, recién molido. El snobismo puede estar en la máquina último modelo o en la cápsulita. Pero el café es el café”, respondió con conocimiento de causa, y explicación sociológica incluida, un twitero.
Otro dijo: “El café torrado es una falta de respeto, al punto de que en muchos países está prohibido”.
Uno de quienes también le respondió de manera más educada, le consultó sin obtener contestación hasta ahora: “Cada uno toma lo que más le gusta por supuesto. Te consulto porque elegís el instantáneo? Velocidad al prepararlo? Precio? Sabor? Hace algún tiempo que uso una prensa francesa y no volví más al instantáneo (que además me hacía mal) . Saludos”.
En la misma línea varios aportaron que más que una cuestión de esnobismo, ellos abandonaron el instantáneo, por temas de salud.
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