En la mañana de FM Cielo, la pregunta sobre si hay que “llamar a Sara Connor para que nos salve” irrumpe en el dial con humor, pero también con el trasfondo ineludible de la zozobra social frente a los avances tecnológicos. Frente al micrófono, Alexander Ditzend, presidente de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA), contesta con la templanza de quien examina la disrupción desde sus cimientos técnicos. Lejos del pánico apocalíptico, el especialista enmarca el momento actual como un “salto de inteligencia muy interesante de los algoritmos”.
Ataques cibernéticos, defensas autónomas y el fin de los datos
El debate sobre la ciberseguridad se instala rápidamente en la conversación. Ditzend reconoce que existen sistemas capaces de “coordinar autónomamente un ataque a una estructura digital” aprovechando vulnerabilidades a una velocidad inalcanzable para grupos de hackers humanos. Sin embargo, el experto desmitifica el pánico unilateral con una reflexión contundente, “lo que a mí me causa un poco de sospecha o hasta gracia es que piensan que la inteligencia artificial se puede usar solamente para atacar y nadie habla de la inteligencia artificial para defender”.
Según proyecta, es solo cuestión de meses para que comiencen a desplegarse servicios autónomos de defensa cibernética. Ditzend señala un punto de quiebre estructural en la industria, “se acabó la data disponible para entrenar modelos y tenemos que ir hacia una era nueva en la que la inteligencia artificial va mejorándose a sí misma”. Es en este proceso de mejora autónoma donde el investigador humano empieza a quedar relegado, abriendo serios interrogantes sobre la gobernanza del software, “¿cómo controlamos de acá en más el desarrollo de la inteligencia artificial si se desarrolla a sí misma y nosotros tenemos cada vez menos una voz en cómo sigue mejorando?”.
La reconversión del trabajo: “Le veníamos robando a las máquinas”
Ante la inquietud sobre el impacto laboral, Ditzend invierte el diagnóstico tradicional con una declaración categórica, “yo no creo que haya venido para dañarnos. Yo creo que la humanidad tiene el desafío de repensarse de decir: ‘Okay, tal vez nosotros le veníamos robando a las máquinas mucho trabajo todo este tiempo y las máquinas lo están recuperando'”.
Para el titular de la SAIA, la biología y la mente humana no están diseñadas para la monotonía, “el cuerpo humano, el cerebro humano no está armado para la repetición, para el trabajo super definible que todos los días es igual y que lo hacemos con memoria muscular”. En cambio, destaca que las capacidades verdaderamente singulares del ser humano son la flexibilidad y el afecto: “Está perfectamente armado para los cambios repentinos, para la flexibilidad, para la creatividad, para aplicarle emoción a todo lo que hace”.
Bajo esta lectura, anticipa un desplazamiento inevitable en el mercado productivo, “se van a ir acabando de a poco todos los trabajos que puedan ser definibles, que sean repetitivos”, obligando a que el empleo se oriente hacia “la autenticidad, la creatividad y hacia el sentir”.
Del código escrito a la guía del modelo: un testimonio en primera persona
La transformación no es un concepto abstracto para Ditzend, la vive en su propio ejercicio profesional dentro de la industria del software. “Hace un par de años mi trabajo era escribir líneas de código, desde que empezó este año no escribí una sola línea de código. Ahora lo escribe la inteligencia artificial y yo lo único que tengo que hacer es ir guiándola. Imagínate que lo que hacían 20 programadores hoy lo hace uno”, explica el especialista.
Pese a esta drástica reestructuración, destaca la progresiva democratización de la herramienta. Aunque tiempo atrás se requerían conocimientos técnicos avanzados para “sacarle el jugo”, hoy la brecha de entrada se ha reducido drásticamente, “la tecnología avanza muchísimo más rápido de lo que avanza nuestra capacidad de aprender nuevas técnicas. Hoy en día no se necesita hacer un curso larguísimo o leer un libro, lo único que hay que hacer es pedírselo”. En la actualidad, la IA ejecuta desde cobranzas y facturación hasta investigaciones de mercado y campañas publicitarias mediante lenguaje cotidiano.
El equilibrio regulatorio y el debate público
Al abordar la controversia regulatoria, Ditzend rechaza las posturas absolutistas y aboga por una solución intermedia, “hay que caminar por un camino del centro balanceado, porque las dos puntas nos pueden hacer muy mal”. Mientras, advierte que la ausencia de límites puede ocasionar estragos que exigen acuerdos internacionales. No obstante, previene contra el celo prohibitivo, “si nosotros coartamos la innovación porque queremos sobre-regular nos quedaríamos estando afuera de un desarrollo muy importante como la investigación aplicada a la salud, nuevas curas, energías limpias y producción de alimentos más sanos”.
Finalmente, Ditzend remarcó que la inteligencia artificial atraviesa hoy a todas las disciplinas sin distinción académica. Por ello, desde la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial promueven un ecosistema abierto y gratuito disponible en saya.ar. Como espacio central de articulación, anunció la realización de la SAIAConf el próximo 20 de octubre en Costa Salguero, un encuentro multisectorial con tres escenarios en paralelo que reunirá a economistas, médicos, legisladores y funcionarios para debatir sobre la “economía de la superabundancia” y las nuevas “sociedades algorítmica”.


