A sus 10 años, la platense Eva Rodríguez transita con soltura entre dos mundos que parecen distantes: la exigencia de las pasarelas internacionales y la rutina escolar de quinto grado. Con el respaldo incondicional de sus padres, la joven se posiciona como una de las grandes promesas argentinas en los certámenes de belleza y modelaje infantil. En dialogo con Adrián Belinche en el ciclo “Entrevistas” de INFOCIELO PLAY
“Mi carrera de modelaje empezó a los 6 años”
El interés de Eva con las cámaras y la ropa no surgió por presión familiar, sino por una inclinación personal manifestada desde la infancia temprana. “Yo me acuerdo que mi carrera empezó a los 6 años; me encantaba poder vestirme con looks, elegirlos yo, mirarme al espejo y que mi mamá me grabe“, rememora la niña al describir sus primeros pasos frente al espejo.
Su ingreso formal al universo de los certámenes se dio tiempo después, impulsado por la curiosidad y el hallazgo de una mentora. “A los 8 años me di cuenta de que una profe mía de mi academia de modelos era amiga de una Miss Universo Argentina fui a una masterclass con ella y ahí le dije a mi mamá que me encantó esa clase, que quería empezar con todo eso“.
Ese entusiasmo dio frutos rápidamente: a los 9 años obtuvo su primer título nacional representando a la provincia de Buenos Aires como Mini Reina Argentina. Sus padres, Sebastián y Estefanía, enfatizan el carácter vocacional del camino elegido por su hija. Su padre marca una clara distancia con cualquier tipo de exigencia externa, “es importante recalcar que es un gusto plenamente personal. Lejísimos estamos de ser modelos los do. es acompañarla y cuidarla, nada más“. Para complementar esta vocación, Eva se prepara de manera integral asistiendo a clases de pasarela, expresión corporal y oratoria.
Una reina de belleza tiene que ser solidaria, empática y tener disciplina
Lejos de los estereotipos tradicionales donde únicamente se premiaba la estética física, los certámenes actuales evalúan aspectos integrales de las participantes. Eva expresa con claridad la visión que guía su labor, “una reina de belleza debe ser solidaria, empática, debe tener disciplina, que se note que tenga esfuerzo y obviamente ser buena con las demás personas, ser amable“.
En el certamen Nuestra Belleza Internacional en República Dominicana, compite en la categoría Little frente a cerca de 70 candidatas de diversos países. El concurso incluye distintas disciplinas, entre ellas una prueba de talento en la que Eva presenta una rutina de danza que combina danza urbana y tango.
Sin embargo, uno de los pilares fundamentales de su participación es su proyecto social, dedicado al acompañamiento de adultos mayores en residencias de ancianos. La iniciativa nació por su propia inquietud y cuenta con la colaboración de sus compañeros de colegio. “Mi proyecto social se trata de poder acompañar a adultos mayores, llevándoles cartas hechas por niños y niñas que quieren ayudar. Son cartas de amor que les pueden transmitir cariño, colores para colorear y juegos de mesa creo que un pequeño gesto de amor puede cambiar el día de una persona“. Sobre las vivencias durante estas visitas, agrega, “siento orgullo porque veo su carita de felicidad. Los adultos mayores deben recibir amor, sentirse queridos y escuchados“.
El sueño de ser diseñadora de moda y jugadora de hockey
A pesar de los viajes, las sesiones fotográficas y la preparación para las pasarelas, la vida cotidiana de Eva se mantiene enraizada en La Plata. Alumna de quinto grado en el colegio Huellas, cuenta con el acompañamiento activo de sus amigas. “Desde que les comenté que iba a participar de un certamen en otro país, mis amigas me empezaron a apoyar, a votar por todos lados y a seguir en Instagram”.
Paralelamente al modelaje, mantiene una pasión deportiva constante: juega al hockey desde los 4 años en el Club San Luis, donde se desempeña como volante o delantera. “Amo el hockey desde los 4 años. Para mí es más de la mitad de mi vida y creo que desde los 4 años hasta ahora mejoré mucho“.
En cuanto a sus proyecciones de futuro, vislumbra la posibilidad de conciliar el deporte con la creación textil “a mí me encantaría ser diseñadora de modas, pero por ahí cuando sea más grande cambien los planes y también puedo seguir siendo jugadora de hockey“, contó Eva.
Esta inclinación por el diseño se respalda en su incipiente trayectoria internacional, que ya incluye un desfile en la Milan Fashion Week de Italia. De aquella experiencia en el viejo continente, rescata una anécdota sobre cómo superó la barrera idiomática con sus pares, “lo más gracioso es que yo usaba el traductor en mi teléfono, yo hablaba al traductor y ellos escuchaban en su idioma, y ellos hablaban y yo escuchaba en el mío. Se me acercaban todos“.
Rumbo a la gala final en territorio caribeño, la joven platense asume la competencia con una mentalidad enfocada en el crecimiento personal y el aprendizaje continuo. Apoyada en un lema inculcado por su profesora, sintetiza su postura ante los resultados: «No perdí, aprendí. Aprendí de los errores, aprendí de lo que hice bien y que ella no hizo mal, aprendí de lo que ella hizo bien y yo no hice bien».
Más allá del veredicto del jurado, Eva asume su participación como una oportunidad para desempeñarse como embajadora cultural de la Argentina. Al ser consultada sobre cómo presenta al país ante delegaciones extranjeras, destaca tanto el patrimonio natural como las costumbres familiares cotidianas. “Nos encanta compartir un día tomando mate, compartiendo facturas, un asado con la familia y el dulce de leche“, explica, destacando también los paisajes nacionales que describe como “montañas que tocan el cielo, cataratas que emocionan con su fuerza y glaciares que parecen de cristal“. Con esa sensibilidad, cierra reafirmando que lleva al país “en el corazón, junto con mi familia y mis sueños“.


