En una de sus apariciones televisivas más potentes, Daniel Hadad dejó en claro que su visión sobre la realidad argentina excede el rol habitual de analista de medios. Durante una extensa entrevista en el programa La Mirada, por Canal 26, el periodista y empresario planteó la necesidad de inaugurar un nuevo ciclo en la discusión pública.
Con definiciones directas sobre economía, tecnología y educación, Hadad dejó abierta, otra vez, la puerta a un involucramiento personal más activo: “Tengo ganas de hacer más cosas por este país”, lanzó en una frase que resonó en el tablero político.
De los medios al compromiso público
Con casi 65 años, el creador de señales emblemáticas en medios, y del portal internacional Infobae, apeló a un concepto de vida para fundamentar su momento actual: “En la primera etapa de la vida uno aprende, en la segunda recibe y gana, y en la tercera devuelve”. Hadad remarcó su trayectoria en la generación de empleo en el sector privado, pero advirtió que observa una sociedad atravesada por “la tristeza y la desesperanza”.
Ante la consulta sobre si ese diagnóstico podría empujarlo a dar un salto a la función pública, esta vez evitó las evasivas: “Tengo ganas de no quedarme quieto en temas como la educación”.
Para Hadad, la política tradicional muestra un severo agotamiento por la polarización: “No podemos gobernar todos los días a patadas en el traste. No puede ser que todos los días haya un insulto escatológico”. En esa línea, descartó sumarse a las fórmulas de la oposición tradicional: “Me suena al tren fantasma, es momento de que aparezca nueva sangre”, expresó en un giro clave de su propuesta, hasta ahora, discursiva.
Urgencia de revolución educativa: un “palo” al ‘topo’ Milei
El eje educativo fue uno de los tramos más apasionados de su discurso. Con cifras sobre la mesa, el periodista expresó su indignación ante el retroceso del sistema escolar: “En materia de alfabetismo, en 1997 la Argentina era el segundo país con más gente alfabetizada de América Latina. Hoy estamos en el puesto número 19 y el 18 es El Salvador”.
Para Hadad, la parálisis educativa condena el futuro del país si no se actúa con políticas de Estado. “La única revolución posible es la revolución educativa”, enfatizó, tras subrayar datos de la realidad escolar: “No puede ser que de cada diez chicos que ingresan al colegio primario, uno solo termine en tiempo y forma quinto año”, ni que “los chicos demoren tres años en aprender a leer”.
Reclamó priorizar la formación docente y el financiamiento: “Yo no quiero un Estado empresario, pero no te podés desentender de la escuela pública ni decir que sos el topo que viene a destruir el Estado desde adentro”.
Inteligencia Artificial y el trabajo calificado
Al analizar las transformaciones globales, Hadad sostuvo que el avance tecnológico exige un debate de vanguardia que la dirigencia política parece ignorar. “La Inteligencia Artificial no es un cambio tecnológico, es un cambio antropológico”, definió, comparando su magnitud con la invención de las vocales en el alfabeto o la imprenta de Gutenberg.
Su preocupación radica en la sustitución del empleo calificado, un fenómeno inédito: “Es la primera vez que la tecnología está quitando el primer escalón del trabajo intelectual”.
Como ejemplo, describió lo que ocurre en el ámbito internacional: “Estudios jurídicos en el mundo, entre contratar a un graduado brillante recién salido de la universidad, prefieren comprar Harvey, un sistema de IA que contesta demandas en minutos y con una precisión que ningún graduado con diez de promedio logra”.
Ante esto, cuestionó que en Argentina “tampoco se está hablando de cómo creamos nuevos empleos” en la economía del conocimiento.
¿Elogio al presidente o puro sarcasmo?
En el plano económico, Hadad reconoció el valor del mandato de Javier Milei para ordenar las cuentas: “Milei va a quedar en la historia como el tipo que hizo un trabajo muy difícil, que fue decirle a la sociedad que no se puede gastar más de lo que uno recibe”.
Además, aportó una apostilla sobre la faceta académica del mandatario, al relatar que lo vio abocado a escribir un paper junto a Demian Reidel: “Me dio la impresión de que el presidente sueña con el Premio Nobel, y me parece bueno que alguien en la función pública ejercite el intelecto”.
Sin embargo, fue tajante al señalar los límites del ajuste en la economía real y reclamó empatía hacia la clase media y los comerciantes: “El equilibrio fiscal es mandatorio e indispensable, pero no es el único sueño”.
Concluyó con un llamado a la sensibilidad humana: “A un señor que vive en el Gran Buenos Aires, que le están cambiando la matriz económica y está cerrando su comercio, hay que hablarle, hay que explicarle y hay que ponerse en su lugar. Un país necesita un proyecto con sueños”.


