La investigación por las presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) tiene ahora una explicación de fe. Daniel María Garbellini, exdirector nacional de Acceso a los Servicios de Salud y uno de los 18 procesados en la causa, presentó ante la Justicia un extenso descargo para negar las acusaciones del fiscal Franco Picardi. Y uno de los argumentos elegidos para explicar sus comprometedores chats tiene un componente difícil de pasar por alto: las “ofrendas” no serían coimas, sino… cuestiones religiosas.
Garbellini quedó señalado por la fiscalía como uno de los presuntos jefes de la asociación ilícita que habría operado en el organismo durante la gestión de Diego Spagnuolo, junto al propio exdirector de ANDIS, Miguel Ángel Calvete y Pablo Atchabahian.
En los teléfonos secuestrados durante la investigación aparecieron conversaciones en las que Garbellini trataba de “hermano” a Atchabahian y hablaba de las “ofrendas de esta semana”. Para Picardi, el significado era bastante menos espiritual: en su dictamen de 228 páginas, interpretó que el término hacía referencia a retornos de dinero o dádivas vinculados con adjudicaciones direccionadas a través del sistema de compras SIIPFIS.
Garbellini, sin embargo, ofreció otra lectura. Según explicó en su presentación judicial, conoce a Atchabahian desde 2010 por su participación en el Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) y sostuvo que en ese ámbito es habitual utilizar expresiones como “hermano” o “familia” para referirse a personas con las que se comparte una comunidad de fe. “En la fe, todos somos hijos de un mismo Dios”, argumentó el exfuncionario para justificar el trato de “hermano”.
La misma lógica utilizó para las famosas “ofrendas”. Según su versión, se trataba de un lenguaje simbólico propio del ámbito religioso y no de una manera creativa de hablar de coimas sin decir la palabra coima.
El problema para su explicación es que esos términos aparecen acompañados por otros intercambios que la fiscalía interpreta de una manera bastante menos celestial. En uno de los chats, Garbellini le envió a Calvete un listado de empresas proveedoras junto con montos “a cobrar”. Para los investigadores, se trataba de información sobre dinero que determinados proveedores debían percibir y sobre el cual Calvete habría obtenido beneficios mediante su intervención en las contrataciones.
Garbellini sostuvo que simplemente le había enviado esa información a Calvete porque los proveedores reclamaban insistentemente pagos atrasados y presionaban con verdaderos “sermones” sobre la necesidad de cobrar para no interrumpir la entrega de insumos destinados a pacientes.

La otra defensa de Garbellini
Más allá de las “ofrendas”, el exfuncionario cuestionó prácticamente todos los principales puntos de la acusación. Entre otras cosas, sostuvo que no podía ser considerado jefe de una organización que, según la investigación, comenzó a operar en diciembre de 2023, porque él recién llegó a la ANDIS en junio de 2024.
También negó haber direccionado contrataciones y defendió el uso de las denominadas “compulsas especiales” o contrataciones directas por urgencia. Según su explicación, el mecanismo estaba contemplado por la normativa y se utilizaba para resolver rápidamente la acumulación de reclamos judiciales y garantizar prestaciones a personas vulnerables.
La fiscalía sostiene lo contrario: que esas contrataciones funcionaban como un mecanismo para simular competencia entre proveedores previamente seleccionados, facilitando sobreprecios que, según auditorías incorporadas al expediente, llegaron en algunos casos a superar el 4000%.
Garbellini también negó haber elegido qué empresas eran invitadas a cotizar y aseguró que el sistema SIIPFIS realizaba las invitaciones de manera automática. Del mismo modo, rechazó haber firmado órdenes de pago y sostuvo que no tenía siquiera usuario o firma digital para hacerlo.
Otro capítulo del descargo estuvo relacionado con los informes de ARCA que atribuyeron a su esposa, Romina Peloni, consumos superiores a $9.000 millones durante 2024 y $4.000 millones en 2025. Garbellini calificó esas cifras de “irreales” y las atribuyó a un supuesto “error de tipeo”. Para justificar el patrimonio familiar, presentó además un listado de nueve propiedades que, según indicó, se encuentran alquiladas.
La causa ANDIS, cada vez más complicada
Mientras Garbellini ensaya su explicación religiosa, la causa continúa avanzando. La Cámara Federal porteña confirmó el procesamiento de 18 acusados, entre ellos Spagnuolo, Garbellini, Calvete y Atchabahian, por delitos vinculados con una presunta asociación ilícita, defraudación contra la administración pública y negociaciones incompatibles.
La investigación sostiene que existió un esquema de direccionamiento de contrataciones y pago de sobornos a funcionarios. A eso se sumaron auditorías sobre la gestión de Spagnuolo que detectaron diferencias de precios extraordinarias, pagos duplicados y productos entregados con prestaciones inferiores a las adjudicadas. En el rubro ortopédico, por ejemplo, se detectaron diferencias de hasta 4239% respecto de precios de referencia.
En ese contexto, el abogado Gregorio Dalbón pidió recientemente la detención de Spagnuolo ante el juez federal Ariel Lijo, al considerar que los nuevos elementos incorporados al expediente profundizan las irregularidades y podrían existir riesgos de entorpecimiento de la investigación y de fuga.
Por ahora, Garbellini niega haber formado parte de una estructura de corrupción y asegura que nunca habló de coimas. Si la Justicia deberá aceptar que en esos chats “ofrenda” significaba realmente una cuestión de fe y no dinero a cambio de favores será, justamente, una de las cuestiones que deberá determinar la investigación.


