En la antesala del 13º Encuentro Nacional de Salud —previsto para el próximo 28 de noviembre en la provincia de Córdoba—, el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, se reunió con trabajadoras, trabajadores, profesionales, estudiantes, sindicatos y organizaciones comunitarias de la Capital Federal para trazar una trinchera de resistencia activa basada en la planificación y la integración sanitaria.
El cónclave no buscó ser una mera catarsis frente a la crisis, sino un ejercicio de acumulación política y técnica. Ante un auditorio colmado de voces heterogéneas provenientes de hospitales, universidades y territorios vulnerables, el diagnóstico fue unánime, la demanda sobre los sistemas públicos crece exponencialmente mientras los resortes de financiamiento y las capacidades estatales sufren un desgaste sistemático.
“Las y los trabajadores de la salud estamos resistiendo un embate nacional, especialmente contra el derecho a la salud”, sentenció Kreplak durante su intervención, marcando el pulso político de la jornada. Lejos de replegarse en una defensa corporativa, el funcionario articuló el rol del sector con una misión transformadora, “lo hacemos porque tenemos la responsabilidad de curar, cuidar, prevenir y atender, y porque podemos hacer que la vida de la gente sea mucho mejor”.
Del diagnóstico a la arquitectura de un nuevo sistema
La hoja de ruta del encuentro expuso la complejidad estructural que atraviesa el país. Sobre la mesa se debatieron los nudos críticos de la época, el financiamiento decreciente, el estado de la atención primaria, las condiciones laborales y el valor de las residencias médicas, además de la crisis en salud mental, el acceso a medicamentos, la producción nacional de insumos y la participación comunitaria.
Sin embargo, el eje vertebrador de los debates residió en la necesidad imperiosa de superar la etapa del diagnóstico estéril. Para los organizadores y referentes territoriales, el desafío pasa por rediscutir el modelo de Estado y la arquitectura prestacional que la Argentina necesita.
En esa línea argumental, Kreplak sintetizó la ambición política de la convocatoria federal, “nuestra manera de resistir es soñando la construcción de un sistema nacional integrado de salud, un sistema único que nos pueda garantizar que todos y todas tengamos el mismo derecho, aún en un momento que pareciera que no hay más derechos universales”.
Hacia Córdoba: federalismo desde abajo
El encuentro en la Capital Federal funcionó como un eslabón clave dentro de una cadena de asambleas territoriales que vienen recorriendo diversas provincias. Estas instancias buscan sintetizar las experiencias heterogéneas de hospitales, centros de salud y organizaciones sociales para transformarlas en propuestas concretas de política pública.
La apuesta de cara al 28 de noviembre en Córdoba es ambiciosa: articular las capacidades fragmentadas de las provincias, los municipios, las universidades y los trabajadores en una hoja de ruta federal capaz de reducir las desigualdades estructurales. En tiempos donde el mercado avanza como regulador de la vida y la muerte, el sector sanitario nucleado en CABA demostró que la resistencia, para ser efectiva, debe organizarse con memoria, saber técnico y vocación de futuro.


