La recuperación que la economía argentina de la que habla a diario el gobierno de Javier Milei todavía no se traduce, según el economista Emiliano Estrada, en una mejora del consumo cotidiano.
El director de la consultora Ficonomics señaló que la recaudación del IVA acumula 11 meses consecutivos de caída y vinculó ese comportamiento con una retracción en las compras de las familias.
“La caída del consumo básico del supermercado hay que decirlo como se llama: la gente compra menos comida, básicamente eso es lo más preocupante”, sostuvo Estrada en una entrevista con FM La Cielo.
Para el economista, el dato forma parte de una dinámica que queda parcialmente escondida cuando se observan solamente los números agregados de la actividad.
Un consumo que no aparece en los números agregados
Estrada cuestionó la interpretación que surge de observar el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) sin desagregar qué sectores están explicando esa expansión. Según planteó, petróleo, gas, minería, agro y sistema financiero registran tasas de crecimiento cercanas al 20%, pero en conjunto representan alrededor del 13% del PBI y el 9% del mercado laboral.
“Efectivamente Milei no tiene dimensión de lo que está pasando en la realidad y en la calle, solamente puede estar viendo los números agregados”, afirmó el economista. Y completó “Él mira el PIB y dice ‘el PIB está creciendo’. Cuando vos desagregás eso, tenés que hay tres sectores que están creciendo al 20% pero que representan solamente el 13% del PIB y el 9% del mercado laboral”.
Para Estrada, algo similar ocurre con la medición oficial del consumo. “El problema de la medición agregada del consumo es primero que no lo hace per cápita”, explicó. “Y segundo, que en el consumo está medido lo que se gasta en pagar servicios.”
Del 60% al 90% del ingreso para pagar gastos fijos
El otro punto que, según Estrada, permite explicar la debilidad del consumo es la composición del gasto familiar. El economista sostuvo que una proporción cada vez mayor de los ingresos queda comprometida antes de llegar a las compras que pueden postergarse.
“El argentino promedio pasó de gastar en gastos fijos —alquiler, la cuota del colegio, la luz, el gas, el transporte o la prepaga— un 50% o 60% a que ahora se le vaya al 90%”, afirmó.
Ese cambio deja un margen muy reducido para el denominado consumo flexible, que incluye alimentos, salidas, indumentaria y otras compras cotidianas. “Te queda solamente un 10% para el consumo flexible”, sostuvo Estrada, y vinculó esa situación con la caída del ahorro de los hogares.
La explicación también pone el foco en la diferencia entre la evolución general de los precios y la de aquellos bienes y servicios que tienen un peso inevitable dentro del presupuesto familiar.
Tarifas y servicios, por encima de la inflación
En ese punto, Emiliano Estrada planteó una diferencia significativa entre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y la evolución de los precios regulados. Según sus números, desde la asunción de Javier Milei la inflación acumulada fue del 319%, mientras que los precios regulados aumentaron 500% y el rubro vivienda y servicios llegó al 530%.
“Si la luz, el gas y la nafta subieron el triple, por más que la paritaria acompañe a la inflación, perdiste poder en tu ingreso disponible”, sostuvo.
La diferencia, explicó, implica que incluso aquellos trabajadores cuyos salarios lograron seguir la evolución del IPC pueden haber perdido capacidad de compra frente a los gastos que no pueden evitar. En su estimación, esa dinámica genera una pérdida real del poder adquisitivo disponible de entre el 25% y el 28%.
Menos compras en los supermercados
El impacto aparece también en los datos de ventas de supermercados que citó el economista. Según Estrada, la caída alcanza a las distintas regiones del país: el NOA registra un retroceso del 26,8%, el NEA del 25%, Cuyo del 20%, el Gran Buenos Aires del 19% y la región Pampeana y Patagonia del 20%.
El dato adquiere mayor relevancia porque no se trata solamente de compras prescindibles. La referencia apunta directamente a la alimentación y al modo en que las familias reorganizan sus ingresos cuando una porción cada vez mayor queda destinada a gastos fijos.
A eso sumó el comportamiento de la recaudación del IVA, que vinculó directamente con el nivel de actividad y consumo. “No hay síntomas de recuperación; de hecho tenemos 11 meses seguidos de caída del IVA, que es el impuesto vinculado a la actividad”, afirmó.
Estrada también puso el foco en aquellos consumos que tienen una demanda difícil de reducir, como la energía, los medicamentos y las prepagas. Su planteo es que el aumento de estos gastos absorbe una parte creciente del ingreso disponible y desplaza otras compras.
“Son cuatro sectores que le succionan plata a la sociedad argentina todos los meses y ahí no hay reinversión, no hay derrame, no hay nada”, sostuvo.
Como ejemplo, mencionó el precio de las agujas utilizadas para la aplicación de insulina. Según relató, una caja que costaba $6.500 en 2023 pasó a valer $87.000.
Para el economista, cuando esos gastos se vuelven inevitables, el ajuste termina produciéndose sobre otros componentes del consumo familiar: compras en supermercados, actividades recreativas, bienes durables y capacidad de ahorro.


