La presentación oficial de Eduardo Domínguez en Atlético Mineiro tuvo un momento inevitable: su recuerdo de Estudiantes. El técnico, que cerró un ciclo intenso en La Plata con cinco campeonatos en el lomo, no esquivó el tema y dejó una frase que rápidamente empezó a circular entre los hinchas albirrojos.
“Primero que nada le agradezco al hincha de Estudiantes porque fui feliz ahí y me fui siendo feliz”, aseguró el entrenador, visiblemente agradecido por el respaldo recibido durante su etapa en el club. Lejos de una despedida fría, Domínguez eligió poner en palabras lo que significó su paso por el Pincha.

Pero lo más fuerte llegó después. “Sé que un día es probable que vuelva y volveré feliz a un lugar que me abrió las puertas”, lanzó, en una declaración que funciona casi como una promesa. En tiempos donde las salidas suelen ser tirantes, el mensaje sonó distinto: reconocimiento, gratitud y puerta abierta.
Domínguez también marcó una diferencia entre el club que encontró y el que dejó: “Cuando llegué a Estudiantes no era el Estudiantes que me fui”, afirmó, dejando entrever el crecimiento institucional y deportivo que vivió la institución durante su ciclo.

Desde ahora, su cabeza estará puesta en el desafío brasileño. Pero en La Plata la frase quedó instalada. Porque cuando un entrenador se va diciendo que fue feliz y que quiere volver, la historia —lejos de cerrarse— parece haber quedado en pausa.

