Estudiantes le ganó 2 a 1 a Unión y se subió a la cima de su grupo, al menos hasta que juegue Vélez. El Pincha no jugó un buen partido y se fue al descanso 0-1 por el gol de Estigarribia. Pero con guapeza lo fue a buscar y lo dio vuelta con los goles de Pérez y Amondarain.
Los partidos con rotaciones masivas equivalen a caer en una mesa random de casamiento. En esas en la que juntan a amigos del novio, a los tíos de la novia y a un par de amigos del trabajo del padre que pagó la fiesta. La reunión puede salir bien, porque las personalidades hacen match, aunque también es posible que pinte el aburrimiento antes de la primera tanda. En esa línea, Estudiantes pudo cachenguear un rato ante Unión: se quedó sentado en la silla vestida en un par de bailongos y cuando se activó, terminó haciendo el trencito en el carnaval carioca, quedando puntero y acercándose a los playoff.

Alexander Medina eligió rotar a diez futbolitas de once. Jugadores que se conocen, a diferencia de los invitados que se reúnen en silencio alrededor del centro de mesa, pero que pocas veces sumaron minutos juntos. Condicionante al momento de pedir conexiones, automatizaciones, pases profundos, articulaciones y demás etcéteras. Se notó rápidamente que Unión sí es un equipo establecido: avanzó prolijo, se movió en bloque con facilidad para hallar espacios en un mediocampo de EDLP que tuvo cuatro volantes creativos más un tapón, y aguijoneó en la que pudo.
Condición sine qua non de los equipos de Madelón: ser contundente en las pocas que tienen. Este Unión puede terminar ganando 3-0 con tres tiros al arco. Y eso lo sintió EDLP: un córner mal defendido -la excusa de los cordones de Falcón Pérez no aplica para justificar la desatención de Alexis Castro– y a cobrar. Estigarribia le ganó a Sosa (¿era el indicado para tomar a uno de los puntas más peligrosos?) y el 1-0 cayó pegadito al poste de Fernando Muslera.
El plan de Medina se sostuvo pese a la desventaja. Buscar por las bandas, especialmente con Aguirre que intentó trazar jugadas personales para romper en el mano a mano con Nicolás Paz y Maizon Rodríguez. Aunque le faltó precisión en el área, a EDLP: un centro filoso para Adolfo Gaich, por caso, terminó en un control flojísimo cuando ameritaba un remate seco. Consecuencias de la falta de ritmo…

Del otro lado, Del Blanco explicó por qué ya lo scoutean desde el exterior. Precisión para pasar al ataque, contundencia para ganar los duelos con Mancuso aprovechando las espaldas de Fabricio Pérez. Intensidad y dinámica para combinar con Julián Palacios. Un equipo cohesionado, digamos.
Sin embargo, el acierto del Cacique fue desrotar a tiempo. Incluir en cancha a futbolistas que pudieran darle flujo al centro del campo, estático por la falta de precisión de Castro y el bajo ritmo general. Sosa no podía meter pelotas picantes, Neves no lograba hacer pesar su capacidad para distribuir… Ahí fue que entró Mikel Amondarain, eje del reset que Estudiantes hizo a tiempo.
La entrada del Vasco aportó mayor flujo de toque en velocidad, combinaciones que permitieran generar espacios en un fondo estructurado como muralla cuando retrocede. Ahí apareció la jugada que rompió el cero. La búsqueda de Aguirre al segundo palo y el empujoncito de Pérez para salir a festejar. 1-1. Un gol para disfrutar. Para recomponer la confianza.
Fue a partir de ahí que el equipo del Cacique reactivó. Presionó, buscó, generó espacios. Descontroló a la línea defensiva de Unión que hasta los ochenta y pico tenía disciplina samurai. Aguirre recuperó la versión que lo llevó a ser convocado a un Mundial Sub 20, empezó a empujar y de ahí derivó la última. El corner. El centro en el que Tarragona habilitó a todos. La espuela de Alario que no fue. Y el bombazo de Amondarain para salir a festejar una victoria valiosísima en el cierre. Para sacarse la foto con los novios bien arriba en la tabla.

