Estudiantes sufrió el primer tiempo, hizo un desgaste enorme en la altura de Cusco, y finalmente tuvo premio. Si bien le costó adaptarse al partido y por momentos fue superado por su rival, manejó bien los momentos del encuentro, supo administrar las piernas y pegó en el momento justo para llevarse un punto muy valioso.
El Pincha tuvo un primer tiempo muy cuesta arriba, y no solo por la altura. Si bien los más de 3.000 metros sobre el nivel del mar son una parte fundamental del análisis, el equipo de Medina no se mostró preciso ni conectado con el partido. Le costó hacer pie, aclimatarse, y terminó encontrando en Muslera a la figura de los primeros 45 minutos.
No tuvo criterio a la hora de atacar y sufrió mucho en los regresos, quedando en inferioridad numérica en varias oportunidades y dejando muchos espacios en la zona de los laterales, los más expuestos. Solo tuvo un disparo al arco, muy desviado, y se fue al descanso en desventaja y lleno de dudas.
Sin embargo, como si de parte de la estrategia se tratara, guardó oxígeno para jugar el complemento y mostró otra actitud y empuje durante los segundos 45 minutos. Tuvo más la pelota, jugó más cerca del área rival y comenzó a incomodar a la defensa de la Máquina Dorada.

Y así, finalmente, sin hacer un gran esfuerzo, llegó a la igualdad gracias a una gran conducción de Tiago Palacios y a una enorme devolución de Mikel Amondarain, que dejó al extremo uruguayo de frente al arco. Fueron, sin duda, los mejores minutos del equipo de Medina en Perú.
En ese tramo del partido impuso condiciones y estuvo cerca, incluso, de dar vuelta el marcador en una ráfaga de ataques. De todas maneras, con el correr de los minutos, el local se volvió a acomodar y el Pincha empezó a sufrir nuevamente el desgaste, buscando en los relevos las piernas necesarias para terminar el partido.
Sobre el final pudo ser para cualquiera, pero finalmente no se sacaron diferencias. El Pincha tuvo la lucidez necesaria para, en su momento del partido, encontrar el empate. Con eso, le alcanzó para sumar un punto que, por cómo se dio el partido y teniendo en cuenta la altura, no le sienta nada mal.

