No es un técnico más. Y no fue, tampoco, un interinato más. La elección de Ariel Pereyra como nuevo entrenador de Gimnasia habrá que diferenciarla en primer término de las anteriores decisiones con el mismo origen. Del proceso de Chirola Romero y del más reciente, el de Fernando Zaniratto. Incluso, del que llevó adelante la dupla técnica Messera-Martini. ¿Por qué? Principalmente porque el Pata tuvo otra preparación, otro aprendizaje, otra experiencia. Y llega a este momento, en el que fue designado para ser entrenador principal (como adelantó Cielosports.com, la dirigencia le hará el ofrecimiento pero se descuenta que lo aceptará), mucho más curtido que sus antecesores.
Más allá de los conceptos que tiene incorporados por haber tenido al Maestro Timoteo como DT, Pereyra también transitó un camino en el que fue acumulando distintos aprendizajes que lo fueron forjando. Por caso, en sus 12 años acompañando a los Mellizos, vivió una experiencia fuerte como estar en Boca (casi un posgrado), otra a nivel selección como le tocó a Paraguay y hasta la de trabajar en otra liga, como la MLS, en Los Ángeles Galaxy. Además, claro, también tuvo su parte como solista, en Colón, por más que no le haya ido bien. Un recorrido que los demás no tuvieron.

Por todo, puede que el nacimiento del proceso sea el mismo, el salto desde la Reserva. Pero no así el fundamento. Pereyra se formateó para ser técnico de Primera, se construyó para ese puesto, incluso esta confirmación es algo que el Pata deseaba, a lo que aspiraba. Zaniratto, por su parte, tenía más un rol de formador, estaba más abocado a los juveniles, lo mismo que Chirola Romero, que ahora volvió a dirigir en Reserva en Racing. Ni hablar de Messera, que terminó luego ocupando un cargo más gerencial, también en Gimnasia, como director deportivo.

Claramente, hay una marcada diferencia entre Pereyra y el resto. Porque el Pata, en definitiva, tomó la Reserva como punto de partida para volver a Gimnasia, estar en un club que conocía, en el que se siente querido y respetado, y desde ahí reconstruir su carrera de entrenador de Primera. A la larga o a la corta, como ocurrió, era algo que se le iba a presentar.

Por eso, también, la dirigencia se decidió por él. El Pata Pereyra tiene una gran ventaja en ese aspecto: es un entrenador que fue contratado por el actual gobierno del club, a diferencia de Zaniratto, que fue un entrenador heredado de la gestión anterior. Es cierto, su elección primaria fue para encarar un proyecto en la Reserva de larga duración pero siempre visualizando que su oportunidad en Primera en algún momento llegaría. Sólo se dio antes de tiempo. Y él también hizo su parte para que eso ocurriera en estos ocho partidos que dirigió.
Gimnasia no sólo ganó siete partidos al hilo, no sólo llegó a los cuartos de final del Apertura, no sólo pasó dos instancias de Copa Argentina, sino que el equipo cambió tácticamente, mejoró en la parte física, generó consenso en el plantel, respaldo grupal, respeto por su forma de trabajar y hasta tuvo un pedido explícito del capitán para su continuidad (el que hizo Nacho Fernández).
Por todo, Gimnasia tomó una decisión basada en la lógica y, por qué no, en la coherencia. Y que sólo se parece a las anteriores en el origen. No en las formas. Después, el fútbol y sus resultados decidirán. Pero hubiera sido extraño y sorpresivo que Ariel Pereyra no se convierta en lo que será: el entrenador oficial del Lobo. Y que ahora sí esté en las puertas de afrontar el máximo desafío de su carrera.

