La eliminación de Brasil a manos de Noruega por los octavos de final del Mundial 2026 representa uno de los máximos golpes que hasta el momento entregó la cita ecuménica, sólo comparado con lo hecho por Paraguay ante Alemania en la instancia previa. Sin embargo, lo dicho se maginifica si uno profundiza en lo que vienen siendo las presentaciones de un Pentacampeón cada vez más alejado de su rica historia.
Más allá de los nombres tanto adentro como afuera de la cancha, el Scratch se parece cada vez menos al que supo ser. Tal es así que verá la definición por televisión otra vez, algo que se ha vuelto moneda corriente. Pasó en los últimos cinco mundiales. Seis contando el actual. Es decir que Brasil no está en la gran final desde lo hecho en Corea-Japón 2002, cuando se impuso 2 a 0 a la Alemania de Rudi Völler con doblete de Ronaldo. A lo dicho hay que sumarle también que no resultaba eliminado en 8avos desde hacía 36 años. La última vez, a manos de Argentina en Italia ´90.

Demasiadas cuestiones que se vienen encadenando desde hace tiempo y que no encuentran respuestas sólo en lo futbolístico. Tal es así que no son pocos los que nuevamente remarcaron la Maldición del Gato. El origen de la historia se remonta al 7 de diciembre de 2022, cuando un gato se subió a la mesa durante una conferencia de prensa de Vinícius en Doha, en la previa del partido de cuartos de final ante Croacia por el Mundial de aquel año.
Mientras el delantero brasileño respondía, el animal apareció sobre la mesa y se recostó allí, lo que generó risas en la sala. Sin emabrgo, un integrante de la delegación carioca, lejos de dejarlo tranquilo, lo tomó por el lomo y lo arrojó hacia el piso, en una imagen que rápidamente se viralizó y despertó fuertes críticas por la manera en la que se trató al animal. El resultado: eliminación por penales dos días después, pese a haber estado a minutos de las semifinales, y una posterior serie de golpes deportivos e institucionales que alimentaron la teoría.
Todo comenzó con la salida de Tite, quien dejó el cargo después de seis años al frente, y continuó con derrotas resonantes en dos amistosos. Primero ante Marruecos y luego ante Senegal, los que anticiparon una etapa de marcada inestabilidad. En terreno sudamericano, donde nunca tuvo mayores problemas, Brasil también acumuló golpes inéditos: empató como local ante Venezuela, perdió contra Uruguay después de 22 años, cayó ante Colombia por primera vez en su historia y sufrió ante Argentina su primera derrota como local por Eliminatorias.
A la crisis deportiva se le sumó la durísima lesión de Neymar, quien sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco de su rodilla izquierda en 2023, lo que lo dejó afuera por prácticamente dos años, condicionando también su regreso al máximo nivel. De hecho, llegó al Mundial 2026 muy lejos de lo que supo ser y se notó tanto en la falta de minutos como en los pocos instantes que Carlo Ancelotti lo mandó a la cancha.

En lo institucional tampoco tuvo paz el vecino país: el Tribunal de Justicia de Río de Janeiro removió a Ednaldo Rodrigues de la presidencia de la Confederencia Brasileña de Fútbol, mientras que Fernando Diniz fue despedido como entrenador interino de Brasil en enero de 2024, tras apenas seis meses de ser designado, luego de una etapa marcada por malos resultados.
La profunda crisis también alcanzó a las divisiones juveniles, que parecían matenerse al margen de la maldición. Brasil no clasificó a los Juegos Olímpicos de París 2024 tras perder ante Argentina en el Preolímpico. Además sufrió una histórica goleada por 6-0 ante la Albiceleste en el Sudamericano Sub-20 y luego quedó eliminado en fase de grupos del Mundial de esa categoría en 2025 por primera vez en su historia.
En el medio, la selección mayor sufrió otro cachetazo. Quedó afuera de la Copa América 2024 en cuartos de final a manos de Uruguay desde los 12 pasos, y profundizó una tendencia que ya no se limita a un mal torneo, sino a una crisis prolongada de resultados, conducción, recambio y ahora también de identidad. Hoy por hoy parece ser que Brasil se mira al espejo y no se reconoce. El hecho de haber ido a buscar a un DT extranjero y pragmática como Ancelotti, una clara muestra de ello.
La reciente derrota ante la histórica Noruega de Erling Haaland terminó de convertir aquella escena graciosa y simpática del gato en un símbolo viral del presente que vive el fútbol de ese país. Lo que empezó como un episodio curioso y particular en una conferencia de prensa terminó transformándose, al menos para los hinchas en las redes sociales, en una explicación supersticiosa para una de las etapas más oscuras de toda la historia de quien, aún así, ostenta la mayor cantidad de títulos mundiales. Creer o reventar.


