El River – Gimnasia del último miércoles no fue uno más para Nacho Fernández. Conocedor del estadio como pocos, el volante sabía que el encuentro tendría una carga emocional muy grande, aunque jamás imaginó que jugaría ese partido fracturado.
Sí, fracturado. Tal cual lo leyó. Fracturado. Porque así jugó Nacho un partido en el que mostró un gran nivel de arranque y un sentido de pertenencia envidiable.
No es para menos. El volante se lesionó en el partido ante Vélez y pidió jugar igual. Fue en una jugada en el final del partido, cuando Gimnasia se defendía con uñas y dientes y nacho fue a disputar una pelota como volante central con Pellegrini y Miramón y cayó mal.

Se golpeó la parte baja de la espalda y enseguida pidió asistencia. El jugador sufrió pequeñas fracturas en varias vértebras de la zona lumbar que pudo haberse producido producto del esfuerzo realizado.
La jugada donde se lesiona Nacho Fernández
Dolor, pertenencia y ovación
Pese a la incomodidad de la lesión, el líder quiso estar. Esta clase de lesiones merecen descanso. Lo ideal es un par de semanas de reposo deportivo y unas seis semanas de tratamiento para quedar 0 km. Pero debido a la importancia del partido el jugador quiso estar.
Y más allá de no poder llevar a Gimnasia a las semifinales, el jugador tuvo un premio personal: cuando entró al vestuario, sus compañeros, el staff de entrenadores y colaboradores y todos quienes estaban allí lo ovacionaron por su esfuerzo y dedicación para defender la camiseta de Gimnasia. Sí, un líder con todas las letras.

