Santiago Ascacibar no pudo, hasta ahora, cambiar la realidad de Boca. Es cierto que el Ruso no es de esos jugadores que pueden modificar drásticamente a un equipo, pero sí acompañar desde su empuje, su sacrificio y su despliegue. Sin embargo, todavía no encontró su lugar en un equipo que parece no tener rumbo. Y como si fuera poco, este domingo terminó tocado, con una fuerte contractura en el posterior izquierdo.
Al Ruso le costó acomodarse al Xeneize. Después de un primer partido en el que dejó buenas sensaciones, en la victoria 2 a 0 ante Newell’s, no anduvo bien en la derrota contra Vélez y este domingo, ante Platense, jugó su peor partido con la azul y oro. Desconectado del equipo, no encontró su lugar ni tampoco pisó tanto el área, como venía ocurriendo en sus anteriores ocasiones.
Como si fuera poco, en el final del partido, tras la salida de Paredes por una lesión de arrastre en el tobillo, el Ruso empezó a hacer señas de su dolencia en el posterior y, como faltaban dos minutos para que terminara el partido, se quedó en cancha. Pero claramente desde un tiempo antes empezó a hacer gestos alertando de que no podía seguir corriendo.
La realidad es que Boca volvió a decepcionar y el Ruso no fue la solución para un mediocampo que cambia de nombres (esta vez ante Platense el tercer integrante fue Williams Alarcón, como contra Vélez había sido Milton Delgado) pero no le encuentra el funcionamiento. Y el Ruso ya empieza a notar las diferencias entre un equipo armado y trabajado, como Estudiantes, y uno como el Xeneize, que está a la deriva. Con datos y realidades objetivas.

