El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró dar con la identidad de otra víctima del terrorismo de Estado que permanecía desaparecida desde hace medio siglo. El juzgado federal a cargo de Hugo Vaca Narvaja ratificó la identificación de los restos óseos pertenecientes a Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, secuestrado durante los primeros meses del régimen militar. Con esta confirmación, ya suman 30 las identidades restituidas en el marco de las excavaciones que el equipo científico realiza en la provincia de Córdoba.
Jerez Bodereau fue capturado por fuerzas represivas el 5 de mayo de 1976 en el barrio Alberdi de la capital cordobesa, cuando contaba con 22 años. Al momento de su secuestro, el joven cursaba la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, trabajaba en la planta industrial de Ika-Renault y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Además, era padre de una pequeña niña. Tras su captura, fue trasladado al centro clandestino de detención La Perla, por donde se calcula que pasaron entre 2.200 y 2.500 víctimas.

Las excavaciones en Loma del Torito y el circuito del horro
Las tareas del EAAF en el área se intensificaron a partir de septiembre del año pasado, cuando el juez Vaca Narvaja dio lugar al histórico reclamo de las familias e impulsó las prospecciones en Loma del Torito, un terreno contiguo al antiguo campo de concentración situado a la vera de la ruta entre Córdoba y Carlos Paz. En ese predio operó el circuito de exterminio comandado por el Tercer Cuerpo de Ejército, donde la separación de los detenidos anticipaba los denominados “traslados” definitivos para su posterior fusilamiento.
Diversos testimonios recopilados desde el informe de la Conadep permitieron reconstruir la metodología de los enterramientos clandestinos en las inmediaciones de la unidad militar. Los relatos coincidentes de sobrevivientes y pobladores rurales de la zona dieron cuenta del tránsito de camiones en trayectos breves, detonaciones en los terrenos y la existencia de fosas comunes, piezas fundamentales que orientaron la búsqueda metodológica del equipo de antropólogos forenses en el terreno.
La evidencia de la remoción de restos y el avance genético
Los avances logrados por los peritos científicos permitieron consolidar una hipótesis histórica sobre el destino final de las víctimas: la remoción intencional de los cuerpos mediante maquinaria pesada. Informes militares y antecedentes incorporados a causas judiciales indicaban que las Fuerzas Armadas habrían desenterrado y fragmentado las estructuras óseas previo a la inspección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, configurando una maniobra deliberada para ocultar las evidencias de los crímenes ejecutados.
A pesar del severo deterioro de las piezas recuperadas por esta violencia secundaria, la labor del Laboratorio de Genética Forense posibilitó extraer el perfil genético de 35 personas a partir del primer conjunto de restos analizados. Las comparaciones del ADN con el Banco Nacional de Datos Genéticos continúan abiertas, permitiendo restituir la identidad de Alejandro Jerez Bodereau y avanzar en la reconstrucción de la verdad sobre lo ocurrido en el centro clandestino La Perla.

