La insólita y extemporánea suspensión de la Supercopa Argentina que debían disputar Estudiantes e Independiente Rivadavia tiene una historia de larga data. Luego de una semana plagada de rumores y diversas reuniones para que el partido no sea programado para el martes posterior a la final del Mundial, la AFA hizo caso omiso y expuso, una vez más, su tremenda desorganización, que solo queda al margen cuando se trata de la Selección Argentina.
La historia empezó mal barajada. Una vez terminado el partido con Rosario Central por Copa Argentina, Alexander Medina habló con Cielosports Radio y puso reparos en cuanto a la chance de que el primer partido del segundo semestre sea la final con Independiente Rivadavia. Al Cacique no le gustaba empezar con semejante partido y lo expuso de manera pública y privada.
“No tengo la confirmación que eso va a suceder, pero esto es fútbol, hay que estar preparado. Queremos tener un buen tiempo para poder afrontar una preparación buena para lo que va a venir, veo un poco incómodo que el primer partido que sea este, va a ir más para adelante”, explicó el uruguayo.
Gestiones que no prosperaron y una desorganización absoluta
Sabido es que la relación entre Estudiantes y la AFA lejos pasa de ser óptima. Por eso, uno de los vicepresidentes del Pincha, Pascual Caiella, buscó consensuar con el presidente de Independiente Rivadavia, Daniel Vila, ir de manera conjunta a pedir que la final no se juegue el 21 de julio. Pese a encontrar cierto grado de aceptación en el convite, Vila salió ese mismo día en el programa de TV de su esposa a confirmar que el partido sería en la fecha estipulada.
De hecho, cuando este medio anunció que la final estaba en duda, muchos se sorprendieron y hasta el hijo del dirigente mendocino salió a confirmar que el partido iba a disputarse sin alteraciones. Evidentemente, la cercanía de ambos con tapia no les bastó para tener buena información…
Estudiantes se la veía venir
El martes último, cuando Estudiantes estaba en la etapa final de la pretemporada, en City Bell era un secreto a voces que el partido se suspendía. Sin embargo, al no haber oficialización alguna, la semana prosiguió con normalidad. De hecho, el club consultó varias veces por la situación en particular y la respuesta fue siempre la misma: “Prepárense para jugar”.
Sin embargo, los dirigentes por lo bajo dejaban entrever que algo podía suceder. “En el fútbol de Tapia puede pasar cualquier cosa”, decían. Y paso nomás. El día en el que salieron a la venta las entradas y a poco más de 72 horas del partido, la suspensión se hizo oficial.
PD: a esta altura del partido, no sería descabellado que la suspensión se extienda un poco y hasta pueda retrasarse el inicio del torneo. Pero esa historia aún está discutiéndose.

