El partido entre Estudiantes e Independiente Medellín quedó marcado por una jugada puntual que será recordada por mucho tiempo. Si bien el Pincha lo buscó durante todo el encuentro, el gol llegó en una de las últimas jugadas, luego de una secuencia única e insólita que lo cambió todo.
En el ocaso del partido, cuando el árbitro ya había marcado los siete minutos de tiempo adicional, el equipo de Medina logró romper el cero luego de tres cabezazos en el área. Primero arremetió Guido Carrillo, luego asistió Alexis Castro y finalmente empujó la pelota Mikel Amondarain.
El grito de gol quedó rápidamente ahogado por el juez de línea, que levantó el banderín y marcó offside del Vasco. Sin embargo, minutos más tarde, el VAR revisó y definió que el gol era válido. Momentos de tensión y nerviosismo en UNO que finalmente se convirtieron en festejo y alegría.
Pero lo cierto es que esa jugada del final, que decretó el pase de Estudiantes a octavos, se definió por un detalle tan insignificante como crucial: un resbalón. Sí, el #5 del DIM, Luis Escorcia, que ingresó a los 37 minutos del complemento por Frank Fabra, se demoró un segundo más en la salida y permitió el gol del Pincha.
No solo por no poder llegar a la marca de Alexis Castro, donde tal vez hubiese incomodado al mediocampista impidiéndole el pase de cabeza, sino también por ser, finalmente, quien habilitó a Mikel Amondarain mientras aún se levantaba del piso. Una jugada insólita y fortuita que el Pincha supo aprovechar.

