Hay momentos que quedan en el recuerdo. Sobre todo, cuando se tratan de esos goles que potencian la esencia de un club, su mística, su ser. Y eso pasó este martes en UNO. El estallido del estadio por el 1-0 agónico de Mikel Amondarain será difícil de olvidar. Y quedó registrado por las distintas cámaras que estuvieron en el estadio.
Fue un explosión que hizo recordar a la del gol de Guido Carrillo en la final contra Racing en Santiago del Estero, también sobre la hora, también para reforzar aquello de que a Estudiantes nunca hay que darlo por vencido ni aun vencido. Pero en este caso tuvo el plus del suspenso. Porque fue un gol que se gritó dos veces. Primero, cortado, con esa angustia que provoca el hecho de ser anulado en un momento desesperante. Y después, porque hubo que esperar la revisión para desatar la euforia.
Eso sí, una vez que el árbitro hizo el gesto de la revisión de VAR y convalió el gol, UNO explotó. Explotó como pocas veces en partidos en los que el equipo se jugaba la eliminación. Porque, claro, la racha venía maldita en 1 y 55, y toda esa historia también tuvo ese peso en un grito inolvidable que fueron registrados por distintas cámaras, pero especialmente por la de TNT Sports y por la de la cuenta de la Copa Libertadores.

Y luego, la corrida. Del Vasco heroico, de sus compañeros, hasta de Tomás Palacios, que vivió el partido a un costado con un sufrimiento tal como si fuera hincha de Estudiantes de toda la vida. Y luego, la montaña humana en la cancha. Y la montaña humana en las tribunas. Y los abrazos. Y la fiesta. Y la locura.
Estudiantes volvió a convocar a su mística para seguir en la Copa Libertadores. Y UNO, por fin, tuvo su redención…

