Aunque parezca que Mikel Amondarain ya es un futbolista con trayectoria y experiencia en Primera División, no deja de ser un chico de 21 años con apenas 34 partidos en la máxima categoría. Por supuesto, tiene personalidad y valentía para jugar en Estudiantes, pero aún se reprocha, por demás, algunas falencias.
Así le ocurrió en el final del partido con Flamengo, cuando tuvo en sus pies el gol de la victoria a un minuto del final. Controló bien pero definió sin precisión, algo apresurado, y permitió que Rossi contuviera su remate. Un jugada por la que se lamentó demasiado y por la que se mostró angustiado al salir de la cancha.
Si bien es cierto que fue una situación clara de gol, el pibe no es un goleador nato ni mucho menos, por lo que no se le puede pedir más. Y más aún teniendo en cuenta que redondeó un buen partido en el mediocampo. Pero de todas formas él mismo sí se autoimpone una exigencia por encima de la media, que demuestra su compromiso y responsabilidad con el club.
La chance clara de Amondarain frente a Flamengo
Sus lágrimas sobre el final del partido exponen su juventud y su impotencia por no haber podido concretar la jugada. Algo que seguramente, con los años y los partidos, aprenda a transitar de mejor manera entendiendo que son cuestiones propias del fútbol.
Desde que debutó en el Pincha, el Vasco ya registra dos goles y dos asistencias. Comenzó mostrando un gran nivel futbolístico y poco a poco le fue incorporando llegada al área y gol. Aún tiene mucho para crecer y para darle al equipo. Desde la entrega y el sacrificio, lo deja todo siempre.


