Hay una máxima no escrita en el periodismo moderno, y es que la comunicación debería tender puentes, no levantar murallas. Sin embargo, cuando la FIFA entra en escena, el sentido común suele quedar varado en la aduana de los reglamentos.
En las últimas horas, dos fragmentos de video se volvieron virales en redes sociales y encendieron el debate bajo un rótulo tan drástico como sintomático: el “Mundial del Mal”.
La escena, que bien podría confundirse con un sketch de comedia, demostró la insólita resistencia de los oficiales de prensa a permitir que el idioma español fluya en salas donde, paradójicamente, casi todos los protagonistas lo entienden.
El insólito “idioma prohibido”
El primer episodio tuvo como protagonista a Rodrigo Cornelas, periodista de Azteca Deportes de México. Al tomar la palabra para consultar a Achraf Hakimi, figura de la selección marroquí, el cronista comenzó su pregunta en un clarísimo castellano.
La elección parecía completamente lógica. Hakimi nació y creció en Madrid, desarrolló gran parte de su formación futbolística en España y domina el español con absoluta naturalidad. Sin embargo, antes de que pudiera completar la consulta, apareció la voz de la burocracia.
Desde la organización, el moderador de la conferencia lo interrumpió para recordarle las reglas lingüísticas del evento. La explicación fue que las preguntas debían realizarse únicamente en los idiomas habilitados para garantizar el funcionamiento de la traducción simultánea.
“Disculpe. Solo puede hacer preguntas en el idioma que dijimos… así que nada de preguntas en español”, le indicó en inglés, el funcionario ante la sorpresa de buena parte de los presentes.
Cuando el sentido común se rebela
Lo más llamativo del episodio llegó inmediatamente después. Lejos de aferrarse al protocolo, Hakimi decidió intervenir personalmente para destrabar una situación que parecía tan absurda como innecesaria.
Con una sonrisa y evidente complicidad hacia el periodista, el defensor frenó la discusión con una frase sencilla y contundente:”It’s okay, it’s okay, I understand” (“Está bien, entiendo”).
Incluso fue más allá. El futbolista se ofreció a responder en inglés si eso ayudaba a cumplir con las exigencias formales de la organización.
“Puedo responder en inglés si quieres“, planteó el marroquí, dejando en evidencia que existían múltiples soluciones posibles sin necesidad de bloquear la pregunta.
Ante la postura del jugador, al moderador no le quedó demasiado margen para insistir. Finalmente, la consulta pudo realizarse completa y la conferencia continuó con normalidad.
Pero Hakimi todavía tenía guardado un último gesto de ironía. Antes de comenzar su respuesta, miró hacia el representante de la organización y preguntó: “¿Cómo respondo, en inglés o español?”.
La respuesta fue un resignado “en inglés”, que para muchos terminó sonando más a rendición que a indicación reglamentaria.
Vinícius y una gambeta al protocolo
La ridiculez del libreto corporativo sumó un nuevo capítulo (casi calcado pero con una pizca más de picardía) en otra conferencia de la FIFA, esta vez con Vinícius Júnior bajo los focos.
Cuando el periodista Sergio Guirantes, del medio español Dazn, intentó amoldarse a los mandatos oficiales traduciendo su consulta a un trabajoso inglés, fue el propio delantero del Real Madrid quien lo interrumpió a mitad de camino para pedirle, con total naturalidad, que le hablara en nuestro idioma: “Español, español… sí, mejor”.
La insólita paradoja de un cronista madrileño disculpándose ante un futbolista brasileño por “no tener permitido” hablar en castellano deja al descubierto el nivel de desconexión que impera en esos atriles oficiales.
La escena terminó de coronarse con una salida magistral que dejó en ridículo la logística de los trajes rígidos. Ante la advertencia por parte del moderador de que no contaban con intérpretes de habla hispana en la transmisión remota, “Vini” no se hizo problema por la falta de auriculares: con una sonrisa pícara, se quitó el receptor del oído y sentenció un implacable “No, spanish… yo hablo en español“, invitando al periodista a romper el cerco.
Una lección de calle y de potrero comunicacional; mientras los burócratas de la FIFA se ahogan en la teoría de sus manuales, los jugadores demuestran que las lenguas están para usarse y que, cuando hay ganas de entenderse, no se necesitan traductores.

