El colegio que durante más de sesenta años marcó el pulso cotidiano de 9 de Abril, en el partido bonaerense de Esteban Echeverría, hoy primae la incertidumbre. En el corazón de la comunidad educativa del Instituto Almafuerte, la rutina escolar convive por estos días con la angustia y la movilización. Un conflicto judicial de larga data amenaza con apagar definitivamente las luces del establecimiento en diciembre, poniendo en vilo el futuro de 1.400 alumnos y 130 trabajadores entre docentes y personal administrativo.
La identidad de un barrio en vilo
La historia del Almafuerte es un mojón identitario para generaciones de familias de la zona sur del Gran Buenos Aires. Fundado hace más de seis décadas, el establecimiento se consolidó como un pilar de contención, formación y pertenencia barrial. Sin embargo, los avatares legales terminaron por eclipsar su trayectoria pedagógica.
El origen del conflicto se remonta a más de diez años atrás, gestado en las entrañas de una disputa entre los socios de la institución. Lo que comenzó como diferencias internas escaló judicialmente hasta llegar a una sentencia drástica, la Justicia ordenó la disolución de la sociedad de hecho que administra el colegio, fijando el cese de sus actividades para el próximo 31 de diciembre.
Frente a este escenario de inexorable clausura judicial, la comunidad decidió no bajar los brazos. Padres, madres, docentes, alumnos y vecinos autoconvocados salieron a la calle para visibilizar el conflicto. Con banderas, pancartas y un profundo sentimiento de defensa de la educación comunitaria, las movilizaciones se convirtieron en el canal de expresión de una bronca colectiva, pero también de una esperanza urgente.
Un gran edificio equipado y 3 niveles de educación bajo la incertidumbre
“No podemos permitir que un juicio entre cuatro paredes se lleve puesta la educación de nuestros hijos y la fuente de trabajo de más de un centenar de familias”, repetían los manifestantes en las puertas de la institución. Mientras las familias marchaban exigiendo respuestas, desde las autoridades del colegio aseguran que se encuentran explorando y negociando alternativas legales y administrativas que permitan destrabar el litigio, con el objetivo primordial de garantizar que la escuela siga en pie y continúe abriendo sus puertas el próximo ciclo lectivo.
El edificio cuenta con sala de informática y robótica totalmente equipada, 130 personas que todos los días garantizan el funcionamiento, canchas deportivas y anfiteatro. Con una matricula de 3 niveles, inicial, primaria y secundaria de 1.400 alumnos mantiene con preocupación a la comunidad, porque las escuelas estatales del radio donde se encuentra el establecimiento no cuentan con vacantes para absorber la totalidad de la matricula. Mientras que, los colegios privados están más alejados y cuentan con cuotas más elevadas.
El tiempo corre y el fantasma del cierre avanza implacable en el calendario judicial. No obstante, en los pasillos del Instituto Almafuerte la resistencia se nutre de su propia historia. Entre cuadernos, pizarrones y la convicción intacta de su comunidad, la escuela de 9 de Abril pelea su batalla más difícil, demostrar que sesenta años de historia comunitaria valen mucho más que una firma judicial de disolución.


