La deuda de los hogares bonaerenses continúa mostrando señales de deterioro, especialmente entre quienes recurren a alternativas de financiamiento por fuera del sistema bancario tradicional. Los últimos datos del “Mapa de la Deuda” muestran que las financieras concentran los niveles más elevados de morosidad en la provincia y que las refinanciaciones tampoco consiguen cortar el ciclo de atrasos.
De acuerdo con el informe elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad (CEC) y la Fundación Friedrich Ebert (FES), sobre la base de información de la Central de Deudores del Banco Central, al cierre de agosto la tasa de mora general en la provincia de Buenos Aires alcanzó el 22,9%, mientras que el porcentaje de deudores en mora llegó al 28,02%.
El panorama se vuelve mucho más complejo cuando se observa el comportamiento de las financieras. En ese segmento, la tasa de mora bonaerense trepó al 53,4%, mientras que los deudores en mora representaron el 57,1%. Ambos indicadores empeoraron respecto de julio y quedaron considerablemente por encima de los valores registrados en abril, cuando comenzaron a medirse: 44,6% de tasa de mora y 50,7% de deudores en mora.
La situación también presenta fuertes diferencias entre los municipios. Entre los distritos que superaron el promedio provincial aparecen Saavedra, con 55,3%; Coronel Rosales, con 66,9%; Villarino, 57,7%; Patagones, 55,8%; Tres Arroyos, 53,6%; Olavarría, 55,3%; Tapalqué y Roque Pérez, 60,8%; Alvear y Saladillo, 65,3%; General Belgrano, General Pueyrredon y La Plata, 56,2%; Zárate, 57%; Morón, 61%; Ensenada, 59,8%; Tres de Febrero, 58,8%; y San Martín y Avellaneda, 60,3%.
Un problema que excede a las financieras
Las financieras no son el único sector que exhibe niveles elevados de incumplimiento. En la provincia, los comercios registraron una tasa de mora del 56,8%, también por encima de los niveles observados en bancos públicos, privados y empresas fintech.
En el caso de los bancos públicos, la mora alcanzó el 14,4%, mientras que en los privados se ubicó en 25,2%. Las fintech, por su parte, registraron un 31,3%. El comportamiento del sector comercial también viene mostrando un deterioro sostenido: en julio la tasa de mora había aumentado seis puntos, mientras que el porcentaje de deudores en mora pasó del 40,1% al 42,8%.
Los números se conocen mientras la Legislatura bonaerense avanza con distintos proyectos destinados a abordar el problema del endeudamiento familiar y buscar mecanismos de alivio para los hogares que acumulan compromisos de pago.
Sin embargo, el problema no parece resolverse simplemente modificando las condiciones de las deudas existentes. El informe del Mapa de la Deuda señala que el 30,5% de las personas que refinanciaron sus compromisos durante 2026 volvió a caer en mora. En contraste, apenas el 18,9% logró una mejora efectiva de su situación financiera después de renegociar sus obligaciones.
Para los investigadores, la refinanciación no está funcionando como una salida sostenible del sobreendeudamiento porque, en muchos casos, se produce sin una recuperación paralela de los ingresos de los hogares.
Refinanciar para ganar tiempo
El informe identifica tres problemas centrales detrás de la dificultad para que las refinanciaciones funcionen como una solución definitiva. Por un lado, la extensión de plazos o postergación de cuotas puede implicar la acumulación de intereses y generar obligaciones que vuelven a resultar difíciles de afrontar en pocos meses.
A esto se suma la falta de capacidad real de repago de las familias. Sin una mejora de los ingresos o una reducción significativa del capital y los intereses adeudados, cambiar las condiciones del crédito no modifica la situación económica de fondo.
Finalmente, una parte de los hogares permanece en una situación de fragilidad financiera en la que cualquier gasto imprevisto puede volver a desencadenar atrasos.
El dato de reincidencia, de acuerdo con el análisis del CEC, refleja justamente esa dinámica: renegociar una deuda no necesariamente significa dejar de estar endeudado, sino que en muchos casos permite postergar el problema mientras se mantienen los costos financieros.
El escenario deja así una señal de fondo: mientras el crédito sigue siendo utilizado para sostener el consumo y cubrir necesidades de los hogares, una parte cada vez más importante de quienes recurren a él enfrenta dificultades para cumplir con las nuevas obligaciones. En ese contexto, refinanciar puede aliviar el corto plazo, pero no necesariamente alcanza para resolver el problema de endeudamiento.


