La irrupción de la era libertaria no solo desarticuló las certezas de los partidos tradicionales en la Argentina, sino que se inscribe en un escenario internacional atravesado por lo que el historiador y sociólogo Christian Castillo define como una época de “cisnes negros”.
En ese mapa político en reconfiguración, la figura de Myriam Bregman comenzó a registrar un crecimiento constante en las mediciones de opinión pública, abriendo un interrogante inédito sobre el alcance y las propuestas del Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad (FIT-U) ante la posibilidad de disputar la gestión de gobierno. Una idea que, lejos de formar parte de una utopía, empieza a filtrarse en los cálculos de los partidos mayoritarios.
Entrevistado en el ciclo político Parecemos Buenos Amigos de Infocielo Play, el diputado nacional repasó las variables que explican el momento que atraviesa la izquierda y detalló el programa económico y social que aplicarían en caso de llegar a la Casa Rosada.El “fenómeno Bregman” en un mundo de cisnes negros
Para analizar el marco local, Castillo partió de una mirada global sobre el quiebre del consenso neoliberal iniciado tras la crisis financiera de 2008. “Estamos en un mundo de cisnes negros en el sentido de que cuestiones que parecían que no iban a ocurrir ocurrieron, empezando por Donald Trump en Estados Unidos, el Brexit o Javier Milei acá”, evaluó el dirigente.
En ese tablero, subrayó el comportamiento que muestran las mediciones de opinión pública sobre la referente del FIT-U: “Lo que estamos viendo en las encuestas sostenidamente desde el mes de abril es que mi compañera Myriam Bregman está entre primera y quinta en todas las encuestas en cuanto a imagen, con cifras que van del 40% al 47% y hasta superando el 50% en alguna, y con el mejor diferencial entre imagen positiva y negativa junto con Axel Kicillof, Cristina Fernández, Patricia Bullrich y Javier Milei”.
Según explicó el legislador, este fenómeno responde a que “una parte de la población ve muy bien a quienes estamos en la calle, nos enfrentamos a este gobierno, no tranzamos y mantenemos consecuencia en el Parlamento y en la calle”. Respecto a la proyección electoral, destacó que la intención de voto presidencial de Bregman “está dando el 8%, 9%, 10% y hasta el 12% en algunas, con un promedio del 9,6% que triplica lo que sacamos en la última elección presidencial”.
La hoja de ruta de la izquierda y la movilización como motor
Al ser consultado sobre cómo se traduciría esa representación en un programa concreto de gobierno, Castillo planteó que la meta de fondo consiste en avanzar hacia “la propiedad socializada de los medios de producción y una sociedad socialista que supere el capitalismo”. Sin embargo, aclaró que la aplicación de esa hoja de ruta en la transición requiere pragmatismo y adaptación a las relaciones de fuerza existentes.
“Cuando digo hoja de ruta estoy diciendo: ‘tengo un programa, ¿cómo voy a ir aplicando ese programa?’. Bueno, depende de muchas cosas, de las condiciones que tengas y de la materialidad económica”, argumentó el dirigente.
En ese sentido, remarcó que cualquier medida de transformación profunda exige un nivel de apoyo popular activo: “Así como Milei tiene que vencer la resistencia popular para lo que impone, nosotros tenemos que vencer la resistencia del poder económico. Sabemos que todo nuestro programa necesita de la movilización en las calles, la organización y quebrar la voluntad del poder económico”.
Shock económico: recomposición salarial y límite a las grandes fortunas
Al desglosar el plan económico, Castillo ubicó como prioridad absoluta una redistribución inversa del ingreso que recupere el poder adquisitivo perdido por trabajadores y jubilados desde 2015. “Acá se ha naturalizado que le recortás el 20%, 30% o 40% del ingreso a un laburante que utiliza ese dinero alimentariamente para subsistir. Hay que revertir eso: que el capitalista gane menos y el trabajador gane más”, enfatizó.
Para graficar cómo se financiaría esa recomposición, el diputado puso como ejemplo al titular del Grupo Techint: “Hay que tocarle la ganancia a Paolo Rocca, que tiene 5.000 millones de dólares y si le sacamos 4.900 sigue viviendo muy bien y no hay ninguna catástrofe nuclear. Lo lógico es que el que tiene una fortuna hipermillonaria pierda parte de esa fortuna y no le pase nada en su vida, mientras que a un laburante sí le cambia totalmente”.
En la misma línea, propuso una reforma laboral en sentido inverso a la desregulación libertaria: terminar con el salario mínimo licuado, erradicar el trabajo no registrado en el sector público y privado, sancionar el fraude laboral del monotributo y regular de forma obligatoria bajo convenio colectivo a las plataformas digitales de delivery y transporte.
El choque geopolítico con el FMI: la “deuda odiosa” y la carta del 38%
El último eje del programa de la izquierda aborda la restricción externa y la relación con los organismos multilaterales de crédito. Castillo reiteró la postura de desconocer los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y los bonistas privados amparándose en la doctrina del derecho internacional sobre la “deuda odiosa”.
“Nosotros no vamos a pagar una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta. Vamos a usar la figura de la deuda odiosa y le vamos a decir al FMI: ‘Cobrácela a los que hicieron la estafa’. A diferencia de otros gobiernos que terminan validando o pagando las deudas de gestiones anteriores sin investigar, nosotros planteamos la auditoría y el no pago”, sostuvo.
Frente al argumento habitual sobre los riesgos de un default y el aislamiento financiero, Castillo contrapuso la posición de fuerza que posee la Argentina en la mesa de negociación: “El principal crédito que tiene el FMI es la Argentina, que representa el 38% de su cartera crediticia. Ahí hay dos armas apuntándose mutuamente. No decimos que no tenemos un arma, que es ese 38% que, si no lo pagás, desestabilizás al propio Fondo”. Finalmente, abogó por articular un club de países deudores en América Latina para cuestionar en bloque las imposiciones de ajuste previsional y educativo que exige el organismo.


