La posibilidad de que la provincia de Buenos Aires recurriera a una cuasimoneda volvió a instalarse en los últimos días, en medio de las dificultades para alcanzar acuerdos paritarios con los gremios estatales. Sin embargo, desde el Gobierno bonaerense descartaron de plano esa alternativa y aseguraron que las cuentas provinciales no atraviesan una situación que obligue a emitir bonos para hacer frente a las obligaciones salariales.
La explicación oficial fue dada por el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, quien durante su habitual conferencia de los lunes sostuvo que una moneda provincial paralela sería una señal de una crisis financiera mucho más profunda que la que atraviesa actualmente la administración de Axel Kicillof.
“Para nosotros no es una opción hoy lanzar una cuasimoneda porque sería el reflejo de que tenemos problemas severos financieros y realmente no los tenemos”, afirmó el funcionario al ser consultado por la posibilidad de emitir un instrumento de ese tipo.
El antecedente de los Patacones
La discusión tiene como referencia inmediata la crisis de 2001 y 2002, cuando el gobierno provincial emitió los Patacones que comenzaron a utilizarse para realizar pagos ante la falta de pesos y las dificultades de las administraciones para afrontar sus compromisos.
En ese sentido, Bianco buscó diferenciar aquel escenario del actual y planteó que un bono no es una herramienta para resolver una dificultad puntual de caja, sino el reflejo de un problema financiero severo.
“Cuando un gobierno lanza una cuasimoneda es porque está en severos problemas”, sostuvo el ministro.
Y recordó que durante aquella crisis la emisión de bonos provinciales estaba directamente vinculada con la imposibilidad de afrontar gastos básicos. “Lanzar una cuasimoneda, como pasó con muchos gobiernos provinciales y con el gobierno nacional en 2001 y 2002, lo que demostraba era que el gobierno provincial no tenía los recursos ni para pagar salarios”, señaló.
En La Rioja, una de las provincias gobernadas por el peronismo, volvieron a ponerse en circulación los Chachos, que funciona como mecanismo de pago local. El gobierno de Ricardo Quintela busca inyectar unos $4.000 millones en la economía.
La presión sobre las cuentas bonaerenses
El rechazo a una cuasimoneda no implicó, de todos modos, que la Provincia desconozca las dificultades que atraviesan sus cuentas. El propio Gobierno bonaerense viene planteando que la caída de los recursos y el recorte de transferencias nacionales generaron una fuerte presión sobre las finanzas provinciales.
Según los números expuestos por la administración de Kicillof, el impacto acumulado de las deudas nacionales alcanza los $28,4 billones. El cálculo contempla obras suspendidas, fondos establecidos por leyes o convenios y la pérdida de recursos vinculados con la coparticipación y la recaudación.
El planteo de la Provincia es que ese deterioro de los ingresos obligó a ajustar el funcionamiento financiero, pero no llevó a una situación de iliquidez que haga necesario recurrir a una moneda alternativa para afrontar los gastos corrientes.
En ese marco, el Gobierno bonaerense contrapone la falta de recursos con la capacidad de generar ingresos propios para sostener el pago de las principales obligaciones de la administración.
La discusión por una eventual cuasimoneda tomó fuerza además en un momento particularmente sensible para las cuentas provinciales: las negociaciones salariales con los gremios estatales.
El Ejecutivo bonaerense sostiene que, pese a las dificultades fiscales, tiene capacidad para afrontar los salarios y aguinaldos sin recurrir a instrumentos extraordinarios ni depender de un auxilio del Gobierno nacional.
“A pesar de los recortes estamos generando genuinamente los recursos para la provincia de Buenos Aires que nos permiten pagar los salarios en tiempo y forma, pagar los aguinaldos en tiempo y forma”, afirmó Bianco.


