El Gobierno cierra el año con una relativa estabilidad cambiaria, con el dólar cotizando 1.475 pesos, pero los datos del propio Banco Central muestran que esa calma está sostenida sobre bases frágiles.
El último Informe de Balance Cambiario deja una señal clara: el esquema actual funciona mientras haya financiamiento externo, no porque la economía esté generando los dólares que necesita.
En noviembre, la Cuenta Corriente Cambiaria volvió a terreno negativo y registró un déficit de USD 1.163 millones, a pesar de que la balanza comercial de bienes siguió siendo superavitaria. El problema es que ese superávit es cada vez más chico y ya no alcanza para compensar otros flujos de salida, como el turismo y el pago de intereses.
Uno de los datos más sensibles del informe es la Formación de Activos Externos (FAE). Solo en noviembre, el sector privado demandó USD 1.119 millones, y en los primeros once meses del año la cifra acumulada supera los USD 30.500 millones. Más de un millón de personas compraron dólares billete en un solo mes. Lejos de fortalecer la confianza, la liberalización cambiaria habilitó una dolarización masiva de excedentes.
La comparación con el FMI es elocuente. Entre abril y noviembre, la fuga de capitales privados equivale al 215% de los desembolsos realizados por el organismo en el mismo período. En términos prácticos, los dólares que entran por la ventanilla del financiamiento internacional salen rápidamente por la del ahorro privado.
A esto se suma un desequilibrio estructural: desde diciembre de 2023, el 90% del superávit comercial de bienes fue absorbido por el déficit turístico y el pago de intereses. El tipo de cambio actual abarata el turismo emisivo y, al mismo tiempo, el nivel de endeudamiento eleva el drenaje de divisas. El resultado es que el esfuerzo exportador no se traduce en acumulación de reservas.
Tampoco aparece la inversión que el Gobierno promete como sostén del modelo. La Inversión Extranjera Directa continúa en terreno negativo en el acumulado desde el cambio de gestión, pese a un contexto de fuerte ajuste fiscal y monetario.
El cierre del año encuentra al Gobierno con control nominal, pero con un frente externo vulnerable. No hay señales de una devaluación inmediata, pero los datos oficiales muestran que el tipo de cambio actual depende de crédito y no de dólares genuinos. En ese marco, la estabilidad luce más como una tregua que como un equilibrio duradero.

